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Elecciones: Encuestas y Sociedad iconito Francisco Javier Flores Gómez
Julio de 2018


En el marco de la vigésimo primera edición del Mundial de Fútbol, Rusia está lista para recibir a poco más de 1.5 millones de visitantes.


Organizar una justa deportiva de gran magnitud, como la Copa Mundial de Fútbol o los Juegos Olímpicos, requiere una enorme inversión y, por lo tanto, los países sede se ven obligados a construir grandes obras para albergar y atender a los miles de visitantes.

Por ejemplo, en Rusia serán 12 estadios los que albergarán la competencia durante los 32 días que dura la Copa Mundial; esto le ha significado al país de los zares una inversión de 19.800 millones de dólares, de los cuales un 55% vino directamente del gobierno federal ruso y el resto fue aportado por inversores y por las regiones donde se disputarán los partidos.

Del total de esta inversión, el gobierno ruso dio a conocer que el 50% iría destinado a hotelería, transporte y edificación de bienes; mientras que un 33% sería otorgado para la construcción de estadios e instalaciones deportivas.

Sin embargo, experiencias previas en eventos deportivos de tal magnitud indican que dichas construcciones se erigen, la competencia se realiza, el mundo observa las imponentes edificaciones y disfruta del desempeño de los deportistas pero, una vez terminada la competición son dejadas a un lado, olvidadas, sin ningún uso y en total abandono, y donde se hablaba de un nuevo legado, al final, solo hay descuido y abandono. Veamos algunos ejemplos:

Grecia, el elefante rey

Si de elefantes blancos deportivos hablamos, Grecia y sus Juegos Olímpicos del 2004 son un buen ejemplo. Este país europeo invirtió 9 mil millones de euros tan sólo en instalaciones, y hoy en día los escenarios que albergaron el béisbol, slalom, el centro acuático, el taekwondo e incluso la villa olímpica, están en ruinas.

Se estima que 21 de los 22 sitios construidos especialmente para estos Juegos Olímpicos, están ahora tan deteriorados que ya no son utilizables. Sumado a esto, es poco probable que estas obras se restauren pues Grecia lidia con deudas masivas y numerosos conflictos sociales.

Izquierda: Centro Acuático Olímpico, Atenas. Derecha: Centro de Canotaje y Slalom, Atenas.

Organizador rico, sede pobre

No es un secreto que en los mundiales de fútbol, la que más dinero gana es la FIFA. Por poner un ejemplo, en Sudáfrica 2010, dicha asociación obtuvo un beneficio de casi 3,000 millones de dólares, misma cifra de dinero que perdió el país sede.

Los estadios del Mundial de Sudáfrica se han ganado a pulso el sobrenombre de 'elefantes blancos', pues las pérdidas millonarias que generan cada año son sufragadas por los bolsillos de los contribuyentes de un país en el que la pobreza, la deficiencia en la sanidad y la educación son problemas de primer orden.

El emblemático Soccer City de Johanesburgo es un claro ejemplo de esto. El ahora conocido como FNB Stadium, fue la sede de la gran final pero los equipos locales no lo utilizan debido al alto precio del alquiler, por lo que sólo acoge algunos partidos de la selección de fútbol y rugby.

El estadio más caro del Mundial fue el Green Point de Ciudad del Cabo. Su construcción alcanzó los 600 millones de dólares y, desde entonces, es la casa del Ajax Cape Town, un equipo de futbol de la primera división que cuenta con una media de sólo 4.000 espectadores, sin embargo, el estadio tiene 64.000 asientos disponibles. Para aprobechar el inmueble, se ha intentado mudar a los equipos locales de cricket y rugby, pero estos se han negado alegando los altos costes de alquiler e instalaciones incompatibles con las necesidades de dichos deportes.

Los costos de mantenimiento a largo plazo de los estadios, han hecho que se considere su demolición y, en su lugar, se construya infraestructura que en verdad mejore la calidad de vida de las personas de la zona.

Soccer City, Johanesburgo.

China y sus elefantes para la foto

China es el claro ejemplo de que hasta las grandes potencias construyen elefantes blancos. En 2008, Beijing se convirtió por unos días en la capital del mundo al albergar los XXIX Juegos Olímpicos; los cuales internacionalizaron a la ciudad y la dotaron de imponente infraestructura, sin embargo, con el paso del tiempo, esta ha perdido brillo y su legado se ha desvanecido poco a poco.

Obras multimillonarias como el Estadio Olímpico (Nido de pájaros) y el Centro Acuático Nacional (Cubo de Agua), han tenido una difícil readaptación debido a la recesión económica posterior al evento deportivo, lo que ha llevado a que dichas instalaciones no hayan sido utilizadas más de una treintena de veces en 10 años. La gran cantidad de dinero necesario para dar mantenimiento a estos estadios, ha orillado a el gobierno chino a mantenerlos cerrados al público.

Para algunos, estos Juegos Olímpicos fueron la presentación formal al mundo del gigante asiático como potencia turística y económica; y, aunque en los años siguientes a la justa, el país atravesó por una “resaca”, el crecimiento acelerado de su economía ha amortiguado el gasto que dejaron las Olimpiadas. Lo que ha provocado que el país se dé el lujo de abandonar muchas de sus instalaciones olímpicas, simplemente por no encontrarles uso. En su lugar, ha preferido construir nuevos y más modernos recintos deportivos, lo que les ha permitido conseguir la sede de los Juegos de invierno de 2022, y usar a la que en su tiempo fue considerada como a la infraestructura olímpica más vanguardista, como simples atractivos turísticos donde tomarse la foto.

Izquierda: Estadio Nacional de Pekín (Nido de Pájaro). Derecha: Centro Acuático Nacional de Pekín (Cubo de Agua)

Elefantes blancos del deporte 3, Brasil 0

En un lapso de 10 años, Brasil fue sede de 3 mega eventos deportivos (Juegos Panamericanos, Copa Mundial de la FIFA y Juegos Olímpicos). Cada evento exigió una fuerte inversión económica para remodelar y construir infraestructura que asegurara la correcta realización de las diferentes disciplinas deportivas y así, cumplir con las exigencias de los entes organizadores.

Una mala planeación en los eventos, aunado a un marcado malestar social debido al excesivo gasto del erario público para terminar las obras; provocaron que gran parte de la infraestructura se finalizara con el tiempo encima y sin ningún plan que permitiera reacondicionar los edificios para su uso permanente.

Para el mundial de futbol, el gobierno de Brasil desembolsó cerca de 3 mil millones de dólares en sus estadios y hoy muchos de ellos se han convertido en elefantes blancos, incluso, algunos han terminado como parada de autobuses o albergue de indigentes.

El gran problema fue que, por el afán de dispersar las sedes del Mundial por todo el país, no se tomó en cuenta que existían lugares en donde ni siquiera había equipos de la máxima categoría, mientras que, en donde si los había, los equipos no poseían finanzas poderosas como para darle mantenimiento a un estadio tan grande.

Ejemplo de ello es el estadio Nacional de Brasilia, con una capacidad para 72 mil 800 espectadores y que hoy en día es utilizado de forma regular como parada de los autobuses municipales y como un mega estacionamiento; o el Arena Pantanal en Cuiabá, el cual tuvo que ser cerrado debido a goteras en su techo. Hoy en día, sirve como cobijo para las personas sin hogar que duermen en los vestuarios abandonados.

Arena Pantanal, Cuiabá.

De igual manera, para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, el gobierno brasileño gastó aproximadamente 12 mil millones de dólares, que se vieron salpicados por un recorte de gastos, baja asistencia y reportes de sobornos y corrupción vinculados a la construcción de algunas instalaciones.

15 de las 27 sedes originales han sido usadas para algún tipo de evento después de los Juegos, otras están abandonadas, vacías o cerradas; y permanecen como un constante recordatorio del fallido legado deportivo que dejó la organización del evento.

Parque Olímpico de Río de Janeiro.

México no es la excepción

En nuestro país también existen casos de elefantes blancos de orden deportivo. En 2011 la ciudad de Guadalajara fue sede de los Juegos Panamericanos, el evento fue catalogado por la Organización Deportiva Panamericana como “los mejores de la historia”, debido a sus modernas instalaciones, sin embargo, la Villa Panamericana fue, desde un comienzo, un proyecto que se construyó tarde y en un lugar inadecuado.

La Villa Panamericana que albergó a los 7 mil 500 atletas que participaron en los Juegos, actualmente se pudre en el olvido, y debido a que se encuentra en una zona de protección ambiental y de recarga de mantos acuíferos, está prohibido habitarla.

La inversión de la Villa Panamericana ascendió a los mil 200 millones de pesos, cantidad que en su mayoría fue aportada por el Gobierno del Estado de Jalisco con recursos públicos. Las instalaciones que sólo fueron utilizadas durante los 16 días que duraron los Juegos Panamericanos, fueron aseguradas por la fiscalía de Jalisco para realizar diligencias dentro de ellas y continuar con las investigaciones por presunto desvío de recursos por parte de la, en aquel momento, administración estatal.

Villa Panamericana, Zapopan.

Otro caso es el de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014, en donde se edificó un patinódromo para las pruebas de patinaje de velocidad y cuya inversión fue cercana a los 43 millones de pesos.

Hoy esta instalación está en el olvido y, aunque existen algunos clubes de patinaje, estos utilizan otros escenarios mientras que este espacio está completamente desperdiciado, carece de seguridad y muestra signos de poco o nulo mantenimiento.

Patinódromo de Reino Mágico, Veracruz.

Barcelona y Londres, el ejemplo a seguir

Cuando Barcelona albergó los Juegos Olímpicos de 1992, desde el principio, uno de los propósitos de las autoridades fue poder aprovechar la infraestructura generada para poder mejorar el nivel de sus atletas en futuras competiciones deportivas. Además, la imagen de dinamismo y modernidad que se transmitió durante el evento, marcó un antes y un después en la sociedad catalana y en su economía. Los Juegos de Barcelona impulsaron el nacimiento de una potencia turística y fueron el factor detonante en la apertura definitiva de la ciudad a nivel internacional.

Desde el punto de vista urbanístico, los Juegos Olímpicos fueron un éxito. Se creó la Villa Olímpica, se recuperó el litoral para la ciudadanía, se construyeron las rondas (autopistas urbanas) y se crearon nuevas zonas verdes.

La Villa Olímpica cambió por completo el estilo urbanístico de la ciudad. Toda la zona se ha convertido en un icono de modernidad y lujo; con avenidas, esculturas, y fuentes paralelas al mar donde las naves industriales han dejado paso a hoteles y centros comerciales.

La Villa Olímpica del Poblenou, Barcelona.

Londres, por su parte, redescubrió y recupero el barrio de Stratford al este londinense. Aquí se ubicó el Olympic Park, corazón de los Juegos Olímpicos en 2012. Londres logró transformar un antiguo barrio industrial contaminado, en un sector que es el modelo del boom inmobiliario.

Esa recuperación hizo al barrio de Stratford un enorme núcleo de revitalización cultural y educativa, además de tener la intención de convertirse en un nuevo enclave residencial tras la construcción de 10,000 viviendas en donde el 30% de estas, están destinadas a la vivienda social y protegida. Todo ello, en un megaproyecto valorado en alrededor de 850 millones de libras.

El parque olímpico fue reformado tras la competición, generando más de 25,000 empleos en el sector de la construcción, y reinaugurado en 2014 bajo el nombre de Queen Elizabeth Olympic Park. En el interior del parque, las instalaciones han encontrado vida después del evento deportivo. El Estadio Olímpico ha estrenado inquilino este año, con el traslado del West Ham. El equipo de fútbol de la Premier League pagará un alquiler de 2,5 millones de libras al año por hacer de la instalación su nueva casa. Otra de las sedes principales, el centro acuático, es ahora un complejo de piscinas públicas, mientras que el centro de prensa acoge empresas tecnológicas. En resumen, Londres triunfó donde otros no.

Parque Olímpico Reina Isabel, Londres.

Los mayores retos después de albergar un mega evento deportivo son: integrar las instalaciones a la ciudad para que no se conviertan en elefantes blancos, encontrar un balance que permita su uso público y garantizar que se cubran los costos de mantenimiento.

Ahora el turno es para Rusia, quien buscará gestionar su legado post mundialista con prudencia, cuidando el medio ambiente, recuperando la inversión y aprovechando la infraestructura en beneficio del país y sus ciudadanos.

Fuentes:

• Broto, A. (2013) Beijing 2008 deja un legado de “elefantes blancos”, Ciudad de México, México.: Obras Web. Recuperado de http://obrasweb.mx

• Chryssoverghis, Y. (2014) El legado de Atenas 2004: deudas millonarias y estadios abandonados. España.: ABC Noticias. Recuperado de https://www.abc.es

• Dirección y Gestión del Deporte. (2017) El legado de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Barcelona, España.: Universidad Pompeu Fabra. Recuperado de https://direccionygestiondeldeporte.bsm.upf.edu

• Grosso, C. (2013) El fantasma de Sudáfrica que persigue a Brasil 2014. Argentina.: Diario La Nación. https://www.lanacion.com.ar

• Kaiser, A. J. (2017) Promesas incumplidas, el legado de las olimpiadas de Río. Nueva York, EU.: New York Times. Recuperado de https://www.nytimes.com

• Lezcano. A. (2015) Los elefantes blancos de Brasil. España.: Revista Jot Down. Recuperado de https://www.jotdown.es

• Tubella, P. (2013) El legado de Londres 2012. Londres, Inglaterra.: Diario El País. Recuperado de https://elpais.com

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