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La paradoja del “país más democrático” del mundo- IEXE

iconito Autor: Elda Ríos Díaz
Mayo de 2017


Uno de los resultados electorales más controvertidos en la historia de Estados Unidos ocurrió en noviembre de 2016, cuando Donald J. Trump se impuso a Hillary Clinton en las elecciones presidenciales a través de los votos obtenidos por parte del Colegio Electoral, a pesar de haber perdido el voto popular.

Desde el descontento generalizado por la Guerra de Vietnam y el escándalo del Watergate protagonizado por el presidente Richard Nixon, en Estados Unidos no se habían visto protestas debido a una investidura presidencial.


El descontento popular por el triunfo de Trump fue tal que se calcula que dos millones de personas se unieron a protestas contra él. Por ejemplo, la “Marcha por las Mujeres” reunió a más de medio millón de personas en Washington y tuvo réplicas en Nueva York, Chicago, Boston, Los Ángeles y Atlanta. Además, fue reproducida internacionalmente en ciudades como Berlín, Londres, Sídney y Ciudad del Cabo.


Por tanto, no sorprende que el actual presidente de Estados Unidos posea el récord mínimo de aprobación para un mandatario al inicio de su gestión, con solo 44 por ciento de anuencia, de acuerdo a un sondeo realizado por la NBC News y The Wall Street Journal.


Esta férrea oposición, que cerró líneas para frenar y evitar la toma de posesión de Trump como presidente, actualmente lo hace en torno a su destitución. Como muestra, la campaña Free Speech for People ha reunido, al 8 de mayo, la cantidad de 948 mil 275 firmas para aplicar un impeachment al Presidente y destituirlo del cargo.


Este mecanismo de destitución, que utiliza al juicio político como arma, fue empleado en agosto de 2016 para retirar a Dilma Rousseff de su cargo como Presidenta de Brasil, debido a su vinculación con la corrupción sucedida en la empresa petrolera paraestatal Petrobras. Asimismo, fue utilizado el 22 de junio de 2012 contra el presidente paraguayo Fernando Lugo, quien fue destituido por el Congreso tras un juicio político por mal desempeño de sus funciones.


Estados Unidos de América, el autodenominado “país más democrático del mundo”, nos invita a reflexionar acerca del rol de los gobernados ante representantes ineficientes que comprometen la estabilidad y que carecen de legitimidad política y de preparación para hacer frente a los retos que ser presidente de una nación supone.


"Estados Unidos de América, el autodenominado ‘país más democrático del mundo’, nos invita a reflexionar acerca del rol de los gobernados ante representantes ineficientes que comprometen la estabilidad y que carecen de legitimidad política."


Desde la renuncia de Nixon como presidente por temor al impeachment o el famoso proceso aplicado a Bill Clinton a raíz de un escándalo sexual, este mecanismo había quedado en el olvido. Hoy en día, ha revivido y adquirido una fuerza descomunal al ser la última esperanza de la sociedad para exigir la destitución de Trump.

No obstante, ¿poseen los ciudadanos el poder de destituir al presidente de “la nación más poderosa del mundo”? Es preciso llevar el marcador claro de este encuentro entre la sociedad y el gobierno.


Es un hecho que las elecciones populares fueron perdidas por Trump, pues la favorecida fue Hillary Clinton con una ventaja de casi 2.8 millones de votos. Sin importar lo anterior, y debido al sistema de elección indirecta , Trump es hoy presidente.


Posteriormente, en noviembre, los gobernados salieron a las calles a protestar y exigir que el Colegio Electoral no formalizara su voto, impidiendo con ello la confirmación de Trump como mandatario. No obstante, el 19 de diciembre los electores confirmaron sus votos y Trump fue declarado ganador. Con ello, el marcador señaló un 1-0 a favor del gobierno.


Tras los disturbios, marchas y protestas organizadas por la sociedad para demostrar su inconformidad con los resultados de los comicios, se empezó a gestar la idea del impeachment, siguiendo los ideales del padre fundador Alexander Hamilton, quien señalaba como principal propósito del Colegio Elector, resguardar la constitución y evitar que candidatos no calificados o bajo la influencia de potencias extranjeras se convirtieran en presidentes.


La batalla aún no se define. De acuerdo a expertos como Allan Lichtman, profesor de la Universidad de Washington –quien lleva 32 años acertando el nombre de los inquilinos de la Casa Blanca–, Trump tarde o temprano dará motivos para su destitución.


"De acuerdo a Allan Lichtman, profesor de la Universidad de Washington, Trump tarde o temprano dará motivos para su destitución."


Actualmente, la clave del impeachment se localiza en la Cláusula de Emolumentos de la Constitución, que regula el conflicto de intereses. Trump, a pesar de haber cedido el control de su imperio inmobiliario a sus dos hijos varones, continúa teniendo participación en más de 500 empresas ubicadas en diferentes países.


A pesar de las demandas ciudadanas, que comenzaron desde el día uno de la presidencia de Trump, el Comité Judicial de la Cámara de Representantes se niega a iniciar el proceso de impeachment, por lo que el marcador se encuentra 2-0, pues hasta el momento, las demandas populares han sido vetadas.


En Estados Unidos, la revocación de mandato no es considerada para regular a presidentes y vicepresidentes, siendo el único mecanismo para la destitución el impeachment o juicio político. En este sentido, los ciudadanos no poseen mecanismos de participación que les permitan destituir a los malos gobernantes, sino que dependen de la Cámara de Representantes, que se niega a empezar el proceso.


Aún en el hipotético caso de que el Comité Judicial de la Cámara de Representantes decidiera empezar el proceso, se iniciara la votación, se aprobara al menos uno de los cargos del impeachment, pasara al Senado, se iniciara el juicio y se votara por separar al presidente de su cargo, solicitando su dimisión, esto no implicaría el final del gobernante. Trump podría simplemente negarse a dimitir y permanecer en su cargo, creando con ello una crisis constitucional sin igual. De este modo, se cierra una victoria rotunda para el gobierno, con un marcador final de 3-0.


Fuente: https://impeachdonaldtrumpnow.org/

Ante este escenario, los gobernados –es decir, las personas– no poseen los mecanismos de participación que los lleven a ejercer un poder real en la destitución del presidente. Tienen voz pero no voto. Esto nos invita a reflexionar en la transferencia de poder y autonomía que brindamos como ciudadanos a quienes supuestamente tienen la obligación de representarnos.


Al contrario de lo que temía James Madison –padre fundador de los Estados Unidos de América y, a su vez, considerado el padre de la Constitución– acerca de la tiranía de la mayoría, hoy nos reencontramos con la tiranía de la minoría; una que ha monopolizado el poder y bloqueado espacios de participación ciudadana para ejercer el derecho legítimo de destituir a un mal gobernante.


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