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Libertad en la web: el precio de la gratuidad en la sociedad de la información

iconito Autor: Mónica Palma Rivera
Enero de 2019

Cuando en 1996, Larry Page y Sergey Brin crearon la primera versión de Google, lo hicieron con el sueño de crear un motor de búsqueda capaz de albergar la información más relevante para ponerla a disposición de forma gratuita a todos aquellos interesados en encontrarla. Al principio, fueron renuentes a vender publicidad como lo habían hecho los medios tradicionales, sin embargo, en tanto la producción de información, páginas web y avances tecnológicos requirieron mayores inversiones para el procesamiento y el almacenamiento, lo que había nacido como un sueño de libre acceso al conocimiento e información, terminó en un sistema de registro y comercialización de datos, pero… ¿qué datos?

Desde la década de los 60, diversos académicos e investigadores sociales, venían teorizando el término de Sociedad de la Información para explicar el papel que tendrían las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el modelaje de un nuevo tipo de sociedad, marcada por un uso extensivo e intenso de las tecnologías en diversos ámbitos de la vida cotidiana.

Autores como Yoneji Masuda (1961)1 , Fritz Machlup (1962)2 , Marshall McLuhan (1962)3 , Alain Tourain (1969)4 , entre otros; sentaron las bases del concepto que en la década de los noventa emergió como un enfoque desde el cual, el sociólogo Manuel Castells explicó el impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la transformación de las relaciones humanas en lo económico, lo político, lo social y lo cultural (Alfonso, 2016).

En los tres tomos de “La Era de la información” (1996)5 , Castells se dio a la tarea de explicar cómo las transformaciones societales6 derivadas de la explosión del uso de las TICs, provocó el incipiente nacimiento de la economía de la información, la cual posee tres atributos clave: 1) informacional, 2) global y 3) en red.

Es informacional porque la productividad y competitividad de las unidades o agentes de esta economía (ya sean empresas, regiones o naciones) dependen fundamentalmente de su capacidad para generar, procesar y aplicar con eficacia la información basada en el conocimiento. Es global porque la producción, el consumo y la circulación, así como sus componentes7 , están organizados a escala global, bien de forma directa, bien mediante una red de vínculos entre los agentes económicos. Está conectada en red porque, en las nuevas condiciones históricas, la productividad se genera y la competencia se desarrolla en una red global de interacción entre redes empresariales” (Castells, 2000, pág. 121).

De acuerdo a lo anterior, la economía informacional vería a la información como fuente de riqueza, un producto del proceso de producción que, desde luego, forma parte de un círculo virtuoso de progreso tecnológico, conocimiento y gestión de la tecnología.

En ese sentido, Google es un ícono de esta economía, en tanto su principal motor de crecimiento reside en los grandes volúmenes de información que se están produciendo, procesando y almacenando todo el tiempo; pero no precisamente la que alberga y que hace accesible al usuario, sino la que obtiene y procesa de nosotros mismos.

Además de consultar información y ponerla a disposición del público, también es posible realizar otro tipo de actividades como: mirar contenidos audiovisuales, interactuar en tiempo real con usuarios de otras partes del mundo, realizar transacciones, entre otras; que hacen de la empresa, un auténtico conglomerado de servicios, cuya gratuidad tiene un precio: nuestros datos privados.

Aunque Google, no es el único motor de búsqueda, sí fue pionero en desarrollar un algoritmo lo suficientemente sofisticado para registrar y procesar los grandes volúmenes de información que compartimos a través de las actividades que realizamos en la web, como cuando buscamos cierta información, compramos o consumimos bienes y servicios en línea o frecuentamos ciertos sitios. Todo aquello, se convierte en información valiosa para las empresas que, una vez procesada, se transforma en perfiles de consumidores y, posteriormente, termina por ser publicidad dirigida específicamente a nosotros.

Una numerosa cantidad de empresas que tienen páginas por internet ofrecen servicios de manera gratuita o beneficios de alguna especie a cambio de datos privados que más tarde son procesados, ya sea de manera masificada o personalizada, convirtiéndonos en compradores potenciales, que no sólo quedan en el plano virtual, sino que se trasladan al “mundo real” (Li, Yang Li, Miklau, & Suciu, 2014).

La ilusión del libre uso de la web para los fines que al usuario convenga, tiene su anclaje en la privacidad que da el ordenador al estar en un espacio físico íntimo, que, sin embargo, nos coloca en una red infinita de conexiones con otros ordenadores y servidores en la web, lo que representa de alguna manera, una permanente exposición en un espacio que es público (Castells, 2000; Kendall, 2010; Li et al., 2014).

El uso de los datos privados que proporcionamos a través de esta dinámica de consumo, viola derechos, toda vez que éstos pueden ser utilizados en contra nuestra, vulnerando la imagen, la intimidad o integridad personal (Nava, 2011; necessaryandproportionate.org, 2014; Li et. al, 2014).

Así, lo que empezó siendo una gran idea para acceder a un mundo de información, terminó, por un lado, invadiendo la vida privada de las personas y sus relaciones; por otro, en una paradoja que detonó el dominio y el ejercicio de poder que implica la posesión y la utilización de datos para fines comerciales.

No obstante, la utilización de la web a cambio de nuestros datos personales, tiene efectos colaterales que cuestionan los umbrales de la misma red, entre lo que está dentro de ella y lo que no. Fenómenos que van más allá de la comercialización de nuestros datos, se instauran precisamente en la naturaleza de la sociedad de la información de la que hablaba Castells, cuyo dinamismo y fortaleza se encuentra en la imperiosa necesidad de movilizar información de nosotros mismos y de otras personas, situación que lleva a todo aquél que esté fuera de la red, a un estado de radical inexistencia

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* El siguiente articulo está inspirado en la miniserie producida por la BBC “La Revolución Virtual”.

1 En Japón, da una definición de la sociedad de la información en su obra Towards the information society.

2 Define el concepto de industria de la información en su libro The production and distribution of knowledge in the United States.

3 Con la idea de la “aldea global” en La Galaxia de Gutenberg.

4 En La societé post-industrielle, desarrolla el concepto de sociedad post-industrial para nombrar una nueva etapa caracterizada por el uso del conocimiento para la producción.

5 La primera edición de los tres volúmenes de esta obra fue en 1996 en inglés.

6 Termino que refiere no sólo al cambio en las dinámicas sociales entre las personas, sino en las estructuras que dan forma y moldean a la sociedad como los sistemas económicos, las legislaciones, entre otros.

7 Capital, mano de obra, materias primas, gestión, información, tecnología, mercados.


Bibliografía:

Alfonso, I. (2016). La Sociedad de la Información, Sociedad del Conocimiento y Sociedad del Aprendizaje, Referentes en torno a su formación. Reflexiones, 12(2), 235-243. Obtenido de https://dialnet.unirioja.es

Castells, M. (2000). La era de la información: economía, sociedad y cultura (Segunda ed., Vol. I La Sociedad Red). Madrid: Alianza Editorial.

Kendall, D. (Dirección). (2010). Revolución Virtual [Película].

Li, C., Yang Li, D., Miklau, G., & Suciu, D. (diciembre de 2014). A theory of pricing Private Data. ACM Transactions on Database Systems, 39(4), 1-28.

Nava, J. (2011). Sociedades de la información y vida privada. (I. d. Ocando, Ed.) FRONESIS Revista de Filosofía Jurídica, Social y Política, 18(2), 239 - 257.

necessaryandproportionate.org. (10 de mayo de 2014). Necesarios & Proporcionados. Necesarios & Proporcionados: Principios internacionales sobre la aplicación de los derechos humanos a la vigilancia de las comunicaciones.

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