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iconito Autor: Gabriela Luongo Raitschewa
Enero de 2018


Durante años se pensó que la razón de ser de una empresa era hacer dinero a costa de todo lo demás. Bajo esa lógica, se reducía el gasto, el desperdicio y cualquier costo prescindible. Se enfocaban todas las operaciones y decisiones exclusivamente a la generación de resultados, en pocas palabras: el fin justificaba los medios. Ejemplos de esta filosofía y sus consecuencias, sobran. Quién no recuerda los casos de la empresa ENRON o la crisis financiera de 2008:

La empresa energética ENRON se enfocó tanto en generar resultados a sus accionistas que contrajo y escondió una multimillonaria deuda que dejó a miles de personas sin empleos, sin pensiones y sin ahorros. El escándalo de ENRON derivó en la Ley Sarbanes-Oxley que protege a los inversionistas de alteraciones en los precios de las acciones.

Por otro lado, la crisis financiera de 2008 fue probocada por las hipotecas “subprime” o de alto riesgo. Éstas se ofrecían a personas de poca solvencia económica y, por ende, con mayor probabilidad de no poder pagar. Estas hipotecas se “escondían” en fondos de inversión o planes de pensiones que, posteriormente, eran compradas por bancos o entidades financieras que desconocían el riesgo que asumían al adquirir estas deudas. En 2007, comenzaron a aumentar las tasas de interés lo que, a su vez, provocó un incremento en el número de personas que dejaron de pagar. Ninguna empresa en una larga cadena de intermediarios pensó en sus clientes o cuestionó la ética de vender estos instrumentos financieros a personas que corrían el riesgo de quedarse sin un hogar.

A pesar de estas historias de terror, están surgiendo nuevos valores entre las empresas que se están adaptando a un mundo globalizado, mejor informado y conectado, en donde, tanto empleados como consumidores, exigen que se trabaje con principios como: el cuidado al medio ambiente, el respeto a los demás, la transparencia y la ética.

Con el tiempo las empresas se han percatado de que el enfoque en resultados, aunque genera rendimientos y utilidades en el corto plazo, en el largo plazo sacrifica otros factores como el capital humano y la reputación. Para obtener sostenibilidad o para convertirse en una empresa sostenible en un mundo económicamente globalizado, es necesario operar bajo una perspectiva en donde se beneficie a las personas, al planeta y a las utilidades de la empresa (People, Planet & Profit).

Prueba de ello es que si trazamos una línea de tiempo de las principales preocupaciones de las empresas (representadas por las certificaciones ISO), junto con algunas de las tendencias en cuanto a los temas de la agenda internacional; podemos observar una paulatina y progresiva inclusión del concepto de sostenibilidad en las empresas, como actores activos en el ecosistema mundial.

Durante el siglo XX, las empresas buscaban mejorar la calidad y aparecieron certificaciones como la ISO-9000. Posteriormente, surgió una preocupación por el cuidado del medio ambiente que derivó en certificaciones como la ISO-14000. Mientras van cambiando las prioridades de la comunidad internacional, también hay una transformación del paradigma en cuanto al rol de las empresas en la sociedad y el desarrollo sostenible.

Es así como hoy en día, las empresas muestran un mayor compromiso por crear bienestar social y/o ser co-partícipes en contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos para 2030. Bajo esta lógica, muchas de ellas entienden su papel y el potencial que tienen de retribuir a la sociedad. En consecuencia, cada vez más empresas en México y en el mundo, publican reportes de responsabilidad corporativa o crean fundaciones para demostrar su compromiso con la generación de valor para la sociedad.

Así, las empresas que encuentran un nuevo sentido en incluir la sostenibilidad como parte de su estrategia corporativa; descubren que pueden cumplir su razón de ser y obtener altas utilidades para sus inversionistas a través de un enfoque diferente, en el que también puede ayudar al desarrollo sostenible.

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