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«Summum ius, summa iniuria» IEXE Universidad Blog

iconito Autor: Oscar Sarmiento
Junio de 2019

La interpretación del derecho como norma es una de las tareas más difíciles y delicadas a las que se tienen que enfrentar los juristas, no solo los más experimentados, también quienes apenas se inician en el estudio de esta disciplina.

De esta labor es que se puede definir el resultado de un asunto, por tal motivo se requiere no solo conocer el contenido del texto normativo, también es necesario entender la sustancia del mismo.

Uno de los problemas más habituales dentro de esta práctica es el denominado «summum ius, summa iniuria», aforismo que puede traducirse como «sumo derecho, sumo entuerto». Inicialmente podría pensarse que indica una antítesis normal; sin embargo, se limita a advertir que la interpretación del derecho no debe caer nunca en el absurdo (Donati, s.f).

La primera vez que se hizo mención de este aforismo fue en la obra De officis del insigne jurista romano Cicerón, quien señaló que el sumo derecho se convertía en agravio cuando la interpretación de este se hacía cavilosamente, tornándose dolosa, para ejemplificar esta cuestión el referido jurista expuso los siguientes casos:

  1. El Rey de Esparta Cleomene durante una confrontación bélica pactó una tregua de treinta días con sus adversarios; sin embargo, dicho monarca desconoció este acuerdo y atacó los campamentos enemigos durante la noche, argumentando que el cese de hostilidades se había estipulado por treinta días, y que por tanto las noches quedaban excluidas.
  2. Los habitantes de Nola y Nápoles tuvieron una disputa limítrofe, para dirimir esta controversia solicitaron la intervención de Roma, la cual mandó, para fungir como árbitro al magistrado Quinto Fabio Labeón, quien al llegar pidió a las partes no actuar impulsivamente, consiguiendo que ambas renunciaran a sus pretensiones mientras se llegaba a una solución, quedando así una franja de territorio sin reclamar que se terminó adjudicando al pueblo de Roma (Donati, s.f).

Es claro que en estos ejemplos existen interpretaciones maliciosas; no obstante, ninguno tiene una completa relación con el aforismo citado, ya que ambos tratan de intereses particulares que pretenden hacerse pasar como derecho. En el primer caso, el rey espartano dio más importancia a sus intereses militares que en respetar lo acordado; y en el segundo ejemplo en realidad no hubo ningún arbitraje justo, sino que simplemente se trató de un engaño, como bien lo señaló Cicerón.

Si estos casos presentaran situaciones reales de derecho, se entendería entonces que de la aplicación de la ley siempre surge una injusticia, lo cual terminaría siendo contrario a la naturaleza del derecho, bajo esta tesitura, ¿qué sentido tendría exigir el estricto cumplimiento de las leyes?

En este punto es importante aclarar que el texto normativo y la norma NO son lo mismo, en virtud de que esta última es la interpretación del texto normativo, bajo esta idea se puede afirmar que todo ordenamiento jurídico carece de lectura definitiva, convirtiéndose así en un conjunto de posibilidades de interpretación, por tanto, cada ordenamiento dice lo que los intérpretes afirman que dice (Grau, 2007).

La ley no solo está compuesta de palabras o letras, sino que además esta constituida de razón y voluntad, entonces el intérprete no solo debe de comprender el texto normativo, sino que además tiene la obligación de interpretar los hechos que le dieron origen a este y los que motivaron su concretización (Galindo, 2006).

Todos los puntos anteriores hacen manifiesta la idea de no aplicar una regla fruto de una abstracción si durante su proceso de concretización se muestra deficiente. La utilidad del derecho radica en su capacidad de adaptar la norma no a la letra sino a la sustancia no permaneciendo inerte.

Lo anterior no es una cualidad específica del derecho, sino que al igual que otras actividades humanas ajusta sus actos a casos concretos, por ejemplo, un médico no aplica el mismo tratamiento a todos sus pacientes.

Finalmente, en la práctica jurídica se debe buscar alejarse de toda interpretación y aplicación estricta del derecho, lo anterior para evitar producir un agravio, el cual sería ignominioso al justificarse en el adecuado cumplimiento del derecho.

Referencias

  • Donati, B., (s.f). Summum ius, suma iniuria. (Trad. Oñate), Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, recuperado de: https://historico.juridicas.unam.mx
  • Galindo, I. (2006). Interpretación e integración de la ley, El objeto de la interpretación. Recuperado de: https://archivos.juridicas.unam.mx
  • Grau, E. (2007), Interpretación y aplicación del derecho, Editorial Dykinson, España.
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