Trabajo doméstico: ¿ayuda en el hogar o una expresión de desigualdad?

20.10.2020

Autor
Mónica Carmen Palma Rivera

Especialista en estudios culturales, género, derechos humanos y desarrollo local. Actualmente es correctora de estilo y redacción en las áreas de marketing y editorial de IEXE Universidad.

Serie: La otra cara del sistema en el marco del COVID-19 (Caso 2)

Otro de los ámbitos más afectados por la pandemia, y de por sí frágiles en las últimas décadas ha sido el mercado laboral. Dentro de este, la labor realizada por las y los trabajadores domésticos ha sido sin duda, uno de los más agraviados y señalados en diversos espacios de comunicación.

Hasta hace poco, el trabajo doméstico había permanecido a la sombra del llamado espacio privado o bien, de la dinámica de los hogares y con ello, la invisibilización de dicha actividad realizada por décadas -sino es que siglos-, en gran medida, por las mujeres.

Del trabajo reproductivo al trabajo doméstico

Sin irnos demasiado atrás, vale la pena recuperar el concepto de trabajo reproductivo y la relevancia que tiene como antecedente para comprender la necesidad de revalorar semejante aportación al sistema económico y social. En ese sentido, de acuerdo con Larrañaga, Begoña, & Arpal (2004) el trabajo reproductivo:

[…] hace referencia al trabajo destinado a satisfacer las necesidades de la familia. […] El escenario fundamental para su desarrollo es el hogar, pero su espacio físico y simbólico no se reduce exclusivamente a este ámbito, e incluye actividades de gestión, relación, mantenimiento, cuidado, etcétera.

La historia ha dejado en la penumbra su importancia, pero los análisis e investigaciones de las diversas dimensiones de la sociedad y la manera en la que se ha desarrollado y evolucionado, de la mano de corrientes teóricas feministas y marxistas que tuvieron auge en la década de los 60 del siglo pasado (Carrasquer, Torns, Tejero, & Romero, 1998); han mostrado que esta actividad es vital para el crecimiento y desarrollo económico de las naciones, pues “permite que las personas se alimenten, vean sus necesidades de cuidados satisfechas, cuenten con un espacio en condiciones de habitabilidad, reproduzcan (…) sus actividades cotidianas y puedan participar en el mercado laboral, estudiar o disfrutar del ocio, entre otras” (D’Alessandro, O’Donnell, Prieto, Tundis, & Zanino, 2020).

Dicha labor, durante mucho tiempo, quedó suscrita al ámbito de lo privado y por tanto, explicada desde la esfera de lo doméstico, siendo naturalizada como parte de los roles y estereotipos de género desempeñados por las mujeres. Su valorización quedó en un nivel inferior al trabajo productivo, aquel que se expresa en la producción de bienes y servicios, el cual, está históricamente asociado con la participación de los hombres en la vida pública (Larrañaga, Begoña, & Arpal, 2004)[1].

Funciones del trabajo doméstico

Aunque las condiciones de las mujeres varían entre contextos y culturas, existen funciones claras que entran dentro de la categoría de trabajo doméstico. Esto también, parte de tomar en cuenta la manera en que los hombres se han incorporado, paulatina y gradualmente a realizarlas.

Llamarles funciones, tiene su fuerza en el impacto que tienen en el entramado social, para impulsar el crecimiento de las personas y la sociedad en general. Así, la principales son:

  • Mantenimiento de la vivienda: limpiar, hacer reparaciones, realizar labores de mantenimiento.
  • Proporcionar nutrición: planificar la comida, prepararla, servirla, lavar los trastes, etc.
  • Proporcionar vestido: lavar ropa, planchar, remendar, reparar o confeccionarla.
  • Proporcionar cuidados: a los niños, a los enfermos, a los ancianos dependientes y a otros miembros de la familia que requieran apoyo constante (Pedrero, 2005).

El día en que las trabajadoras domésticas faltaron

De acuerdo con información de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2020), “entre 11 y 18 millones de personas se dedican al trabajo doméstico remunerado, de las cuales 93% son mujeres. Esto supone un promedio de entre el 10,5% y el 14,3% del empleo de las mujeres en la región”.

En este marco, la llegada del COVID-19 halló un nicho vulnerable en esta modalidad de trabajo, pues aunque previo a la pandemia se han generado propuestas para su formalización en diversas regiones, así como esquemas de seguridad social, es aún prematuro hablar de condiciones justas y de visibilización de la relevancia que tiene dicho trabajo en el desarrollo de los países y como acceso a los derechos de las mujeres en condiciones de igualdad.

La situación de aislamiento y distanciamiento social, si bien colocó en la palestra la desigualdad de las mujeres en lo que refiere al trabajo reproductivo en el hogar, también evidenció la falta de políticas y estructuras normativas e institucionales para que, las personas que se dedican al trabajo doméstico remunerado, no fueran afectadas por las medidas estipuladas por sus gobiernos, en tanto, su cese de actividades, implicó para la gran mayoría, “la disminución de la actividad económica, desempleo, reducción de las horas o pérdidas de salarios” (CEPAL, 2020).

En México se hizo visible la necesidad de tomar cartas en el asunto, en tanto en nuestro país, hay al menos 2.2 millones de personas que son trabajadores domésticos, de las cuales el 94.8% son mujeres, y aún es pobre la creación, difusión y socialización de los derechos de las personas que realizan trabajo doméstico (Flores Vaquiro, 2019).

El trabajo realizado por Marcelina Bautista Bautista, tras fundar en el 2000 el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH) ha sido vital para el posicionamiento de la problemática en la agenda pública. Durante la pandemia, este lazó la campaña “Cuida a quien te cuida” para concientizar respecto a las dificultades e importancia de las trabajadoras del hogar.

La campaña recibió el apoyo de diversas organizaciones sociales y personalidades como la actriz mexicana Marina de Tavira y el director Alfonso Cuarón (La Jornada, 2020).

A saber, el respaldo permanente y difusión de la necesidad de formalizar el trabajo doméstico, lejos de constituir una obligación de las y los empleadores, constituye el reconocimiento de derecho fundamental al trabajo en condiciones dignas y de igualdad.

En el marco de la pandemia, coadyuvaría a mitigar sus efectos y a disminuir su situación de vulnerabilidad. (Noel Vaeza, 2020). Su institucionalización redunda no sólo en mejores condiciones de vida para las personas dedicadas a ello, sino en la dignificación de su trabajo y la transformación a sociedades más igualitarias y solidarias.

Notas

[1] El eclipse del trabajo reproductivo frente al productivo parte de la diferenciación entre el valor de uso y el valor de cambio suscrito por la teoría económica, según la cual al trabajo destinado a cubrir las necesidades se le concede valor de uso, mientras que a los productos destinados al intercambio en el mercado se les reconoce un valor de cambio (Larrañaga, Begoña, & Arpal, 2004).

Referencias

CACEH. (s.f.). ¿QUIÉNES SOMOS? Obtenido de Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH): https://caceh.org.mx/quienes-somos/

Carrasquer, P., Torns, T., Tejero, E., & Romero, A. (1998). El trabajo reproductivo. Papers, 95-114. Obtenido de https://ddd.uab.cat/pub/papers/02102862n55/02102862n55p95.pdf

CEPAL. (12 de junio de 2020). La situación de precariedad en las trabajadoras domésticas en América Latina y el Caribe se acentúa frente a la crisis del COVID-19. Obtenido de Noticias: https://www.cepal.org/es/noticias/la-situacion-precariedad-trabajadoras-domesticas-america-latina-caribe-se-acentua-frente-la#:~:text=En%20Am%C3%A9rica%20Latina%20y%20el%20Caribe%2C%20entre%2011%20y%2018,las%20mujeres%20en%20la%20regi%C3%B3n.

D’Alessandro, M., O’Donnell, V., Prieto, S., Tundis, F., & Zanino, C. (18 de agosto de 2020). Los cuidados, un sector económico: Medición del aporte del Trabajo doméstico. Obtenido de Ministerio de Economía de Argentina: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/los_cuidados_-_un_sector_economico_estrategico_0.pdf

Flores Vaquiro, N. (2019). Perfil de los empleadores de las trabajadoras del hogar en México. Obtenido de Organización Internacional del Trabajo: https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—ed_protect/—protrav/—travail/documents/publication/wcms_697143.pdf

La Jornada. (26 de mayo de 2020). Encabeza Cuarón campaña en defensa de empleadas del hogar. La Jornada. Obtenido de https://www.jornada.com.mx/ultimas/sociedad/2020/05/26/encabeza-cuaron-campana-en-defensa-de-empleadas-del-hogar-3185.html

Larrañaga, I., Begoña, A., & Arpal, J. (2004). El trabajo reproductivo o doméstico. Gaceta Sanitaria. Recuperado el 14 de octubre de 2020, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0213-91112004000400007

Noel Vaeza, M. (22 de junio de 2020). La pandemia del COVID-19 acentúa la situación de precariedad para las trabajadoras remuneradas del hogar. Obtenido de ONU Mujeres: https://lac.unwomen.org/es/noticias-y-eventos/articulos/2020/06/op-ed–pandemia-por-covid-19-trabajadoras-del-hogar

Pedrero, M. (agosto de 2005). El trabajo doméstico no remunerado en México. Una estimación de su valor económico a través de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2002. Obtenido de Biblioteca CLACSO: http://biblioteca.clacso.edu.ar/Mexico/crim-unam/20100517095149/El_trabajo.pdf

Comentarios

Relacionadas

Estudia una licenciatura, maestría o doctorado
100% en línea


Solicita una beca

Inscripciones abiertas

¡Chatea!
1
¿Necesitas ayuda?
Hola, si quieres saber más sobre nuestras becas o planes de estudio estamos para atenderte.