Democracia en la calle: una historia de vecindad y comunidad

Autor
Liz Pérez Camacho

Experta en el campo editorial y en procesos de capacitación en proyecto nacionales e internacionales. Actualmente es directora de IEXE Editorial.

Muchas obras se han hecho en nombre del progreso. En ocasiones, con fundamentos poco sólidos y más bien como una suerte de “ocurrencias” como diría el maestro Julio Franco Corzo en lo que refiere al diseño de políticas públicas. Pero tomar decisiones sin contemplar todo el espectro social, los posibles escenarios que deriven de su implementación; puede tener más costos a largo plazo que beneficios en el corto, como lo dejan ver algunas de las experiencias que retoma este mismo autor en su libro Diseño de Políticas Públicas (2016).

En otras publicaciones hemos hablado del patrimonio cultural en su dimensión material, es decir, como vestigios arqueológicos de antiguas civilizaciones, o grandes monumentos que representan la memoria de un pueblo[1]. Sin embargo, pocas veces se asocia al patrimonio como una expresión de una cultura de una sociedad, que puede ser apreciada en prácticas, costumbres, vestimentas, lengua, entre otros; misma, que a menudo constituye una herencia que está inmersa en un contexto en el que el tiempo y el espacio son variables de un pasado y un presente que dialoga, que al mismo tiempo es dinámica y flexible, pues se va resignificando e incluso renovando con cada generación.

Ciertamente una de sus formas más tangibles suelen ser las reliquias de culturas ancestrales y o las llamadas zonas arqueológicas o históricas como lugares que, por su configuración arquitectónica o socio-histórica, han adquirido un valor incalculable para la historia de la humanidad. No obstante, recuperando el hilo conductor de las anteriores entradas, es necesario tomar en cuenta dicha herencia en un diálogo con el presente y especialmente, con la manera en que lo material tiene también un carácter intangible, pues a través de la socialización es apropiado por las personas, de manera que la relación entre lo tangible e intangible del patrimonio cultural, es indisociable.

El mercado de la Victoria: comunidad en las calles

La ciudad de Puebla es rica en historia y espacios señalados como patrimonio cultural de la humanidad, ya sea por su arquitectura o por otras manifestaciones culturales como la gastronomía local. Revivir la historia de los espacios es una acción fundamental para renovar constantemente el valor de dichos emblemas, de lo contrario se convierten en las repeticiones de discursos sin sentido.

El mercado de la Victoria es uno de esos espacios cuya historia vale la pena recuperar, cuyo proceso de modernización e incluso, de clasificación, tuvo importantes repercusiones no sólo para la memoria histórica, sino también para el tejido social local.

Su existencia se remonta a casi 100 años. Desde 1854, se tiene documentación de que la zona que circundaba los alrededores del convento de Santo Domingo, estaba utilizada por vendedores de artesanías y víveres al aire libre, pero también como un espacio que era utilizado para asambleas, para la organización y discusión respecto a la propia dinámica barrial e incluso, como una suerte de lugar, en el que, los vendedores y sus familias, hacía algo más que sólo vender sus productos o víveres (Mendiola García, 2017).

Fuente: @PueblaAntigua (2014).
Fuente: @PueblaAntigua (2014).

Si bien durante la década de los 60, el gobierno local en turno se dio a la tarea de edificar una construcción que albergara a los vendedores, estos realizaron esfuerzos de organización en tanto las nuevas políticas deseaban exaltar el valor histórico del espacio, en detrimento del uso comercial y público que tenía.

Hasta antes de ese periodo, la dinámica social en torno al mercado de la Victorial se distinguió por ser cercana y política, comunitaria y popular. En el estudio realizado por Mendiola García (2017), se aprecia que

[…] se trataba más algo más que un centro comercial, proveía a la comunidad de la clase trabajadora de una variedad de servicios. En 1910 fue uno de los primeros edificios con electricidad. Tenía un laboratorio de pruebas de agua y la gente podía rentar departamentos baratos en el segundo piso. En 1940, el mercado proveía camas, duchas y ropa para niños de la calle. Los comerciantes escuchaban su propia estación de radio “Audio Victoria”. Para 1950, había un consultorio médico y un salón en donde las mujeres aprendían a coser. En la década de 1960 el mercado albergaba un salón para niños y jóvenes donde aprendían a leer y escribir. La Victoria era una forma de sustento -en más de un sentido- de comerciantes y vendedores ambulantes. Vendedoras y vendedores ambulantes realizaban trabajo reproductivo al tiempo que atenían sus negocios, y alimentaban y cuidaban a sus hijos (Mendiola García, 2017, p.141).

Hoy, después de las modernizaciones realizadas durante la década de los 80 y que, provocaron el desalojo y gentrificación de las y los vendedores tanto locales como ambulantes, la zona ha adquirido un carácter de peligrosidad. El tejido social actual, es muy diferente al que la caracterizó durante casi todo el siglo XX.

La reorganización de la ciudad a través de planes de desarrollo para la ciudad, sin duda, buscaban el mejoramiento de un grupo social en detrimento de las necesidades de un sector popular. Actualmente, hacer comunidad en zonas con este tipo antecedentes, parece una acción lejana, en la que los discursos de progreso sin duda benefician a unos cuantos, pero en donde la inmensa mayoría, se somete a la gradual pérdida de una memoria que se vislumbra, era mejor.

Notas

[1] En la serie “Modernizar la tradición” se exponen diversos escenarios en los que entran en juego el patrimonio cultural tangibles y los efectos que tienen las políticas de modernización y/o revaloración sobre ellos. Puedes consultar: “De cuando los malls se hicieron sobre vestigios. Políticas públicas en materia de patrimonio cultural”, disponible en https://www.iexe.edu.mxpagblog/cuando-los-malls-se-hicieron-sobre-vestigios-politicas-publicas-en-materia-de-patrimonio-cultural.html#; “De centros místicos a pueblos mágicos”, disponible en https://www.iexe.edu.mxpagblog/de-centros-misticos-a-pueblos-magicos.html; “Cuando el espacio público se convirtió en Metrópolis”, disponible en https://www.iexe.edu.mxpagblog/de-cuando-el-espacio-publico-se-convirtio-en-metropolis.html

Referencias

Mendiola García, S. C. (2017). FROM LA VICTORIA TO WALMART. En S. C. Mendiola García, Street Democracy: Vendors, Violence, and Public Space in Late Twentieth-Century Mexico.

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