Ecosistemas de innovación: cómo las células nos explican el éxito del Estado Emprendedor

Ecosistemas de innovación: cómo las células nos explican el éxito del Estado Emprendedor

11 . 08 . 2020

Autor
Sabina Morales Rosas

Experta en diseño y análisis de políticas públicas. Actulamente es docente e investigadora en IEXE Universidad.

El día en que una célula comenzó a habitar dentro de otra procesando nutrientes orgánicos en energía que esta segunda podía emplear para vivir, nació la simbiosis que revolucionó los sistemas vivos. Se originó la célula eucariota, nada más y nada menos que la culpable de que existan plantas, animales, hongos y protistas.

Pero ¿por qué la evolución celular nos sirve para entender el éxito de la simbiosis entre el sector público y privado cuando hablamos de innovación? La renombrada economista Mariana Mazzucato (2015)[1] argumenta las relaciones simbióticas entre el gobierno y las empresas son el secreto del  éxito de ecosistemas de la innovación como Silicon Valley.

Esta idea nos remite a la historia que cuenta la teoría de la endosimbiosis seriada, propuesta por la conocida bióloga estadounidense Lynn Margulis (1967). La teoría, desarrollada a finales de la década de 1960 nos permite entender cómo es que existe un organelo con material genético propio dentro de otra célula (que a su vez tiene su propio material genético) y que le sirve de catalizador a esta última. La teoría nos muestra la simbiosis entre mitocondria y célula animal y entre cloroplasto y célula vegetal,[2] una asociación estrecha de beneficio mutuo, funcional para el desarrollo vital de dos organismos de especies distintas.

En su libro sobre el Estado Emprendedor, Mazzucato (2015) expone la importancia de los esquemas de beneficio mutuo en las asociaciones público privadas. Ella argumenta que, cuando se ha tratado de innovación, el Estado, no se ha limitado a facilitar los mercados de las nuevas tecnologías o a reparar las fallas de mercado. Por el contrario, lejos de lo que suele pensarse, gobiernos como el estadounidense han jugado un papel central en la innovación por décadas. El Estado ha dinamizado los mercados innovadores, lo que implica que no sólo ha creado entramados de incentivos (por medio de ingeniería institucional e inversión), sino que en muchos casos ha sido el responsable directo de la visión, la misión y hasta del plan de acción. Es decir, ha actuado no sólo disminuyendo los costos del riesgo para el sector privado, sino asumiendo los riesgos directamente. Ello, gracias a su capacidad poco reconocida para identificar dichos riesgos en mercados que hoy consideramos como los que han dado origen a las innovaciones socialmente más relevantes de nuestra época: los mercados de las altas tecnologías, las energías verdes y la alta industria farmacéutica.

Lo más interesante es que ello no ha ocurrido por medio de un esquema keynesiano de economía centralmente planificada al estilo clásico del término, como le gusta decir tramposamente a algunos de sus críticos neoconservadores,[3] sino por medio de ecosistemas de innovación. Esto es, relaciones simbióticas entre el sector público y privado en las que la cooperación les es funcional a ambas partes (organismos de ‘especies diferentes’), pero, sobre todo, que le son funcionales a su fin último, el de innovar.

Así como iPhone es el caso emblemático de Mazzucato para ilustrar la mano visible del Estado en la creación de las altas tecnologías que solemos atribuir de manera equivocada al sector privado,[4] Silicon Valley es el caso por antonomasia para entender la relación virtuosa entre sector público y privado cuando se trata de innovación. Ya tendremos ocasión de hablar sobre el oasis estadounidense del emprendedurismo. Por ahora recordemos sólo que Silicon Valley no se explica sin cuatro décadas de inversión pública sostenida por la Universidad de Stanford y las fuerzas armadas estadounidenses.

Mariana Mazzucato habla entonces de ecosistemas funcionalmente simbióticos, como aquello que está detrás del éxito de casos como el de Silicon Valley, pero también como aquello que debe guiar la política pública en innovación. Es decir, se trata de un concepto que busca mantener su doble faceta: tanto explicativa como prescriptiva. Regresando a la metáfora del (eco)sistema celular, tendríamos que preguntarnos ¿en qué consistiría exactamente esa relación de cooperación? ¿de qué tipo de intercambio energético entre el sector público y privado estaríamos hablando? Finalmente, Mazzucato decidió hablarnos de simbiosis y del Estado como un catalizador y no simplemente de gobernanza, que hubiera sido el término técnicamente más común para hablar de cooperación o asociación público-privada dentro de la de la administración pública y las políticas públicas.[5]

Mazzucato usa el término simbiosis funcional porque los ecosistemas de la innovación de los que ella habla implican no sólo que ambas partes asuman los riesgos sino, sobre todo, que ambas cosechen los beneficios. Es decir, que la cooperación público-privada ocurra de forma tal que se generen incentivos para que ambas partes tengan el compromiso, tomen los riesgos y accedan a las recompensas (remuneraciones) por haber realizado las inversiones que conducen a la innovación. Dicho claramente, la propuesta de política pública puntual es que se socialicen las ganancias y no sólo los costos como suele ocurrir en la mayoría de las asociaciones público privadas mal entendidas, o como las llama Mariana Mazzucato, en las asociaciones parasitarias disfuncionales que, además de constituir acuerdos socialmente injustos, dan resultados limitados.

En los sistemas vivos las asociaciones parasitarias disfuncionales son la base de la enfermedad. La célula eucariota habría sido un desastre evolutivo si la mitocondria o el cloroplasto, en lugar de servirle de catalizador energético, hubiera vivido a costa de sus recursos sin devolverle nada a cambio de manera directa, esto es, energía para realizar sus funciones vitales. Cuando hablamos de innovación lo mismo ocurre con la relación entre el gobierno y las empresas. La falta de acuerdos de beneficio mutuo que le permitan al gobierno cosechar también los beneficios de su inversión en innovación contribuye al desastre social de condiciones desiguales para lograr ecosistemas de innovación a largo plazo.

Aquella posición de política pública implica adicionalmente dos cosas. La primera, que el Estado busque activamente formar redes de política con actores clave del sector privado. La segunda, que el Estado se vea a sí mismo como un socio y competidor, muchas veces el más osado, pues ello lo empodera frente al riesgo de ser sometido por intereses privados en la mesa de negociación. En suma, la agenda no es hablar de asociación o no asociación, sino del tipo de asociación, del tipo de relación.

Y ¿qué implica todo esto en términos económico-energéticos? ¿cuál es el reto? Que un aumento en el gasto público no disminuya el gasto en inversión privada. Este no es un deseo de nuevas o buenas intenciones, es una recomendación de política sustentada en lo que la investigación ha logrado documentar. Sí, contra toda predicción monetarista, Mazzucato (2015) afirma que, cuando se trata de innovación, la inversión pública no desplaza a la privada como si la inversión en innovación fuera limitada. Como Mazzucato (2015) misma lo explica, recordemos que Friedman advirtió sobre el riesgo de que el Estado invirtiera de sus ahorros en áreas que podrían haber sido cubiertas por los planes de inversión del capital privado. La respuesta keynesiana a ello, nos recuerda también la autora, es que esto ocurriría sólo en un periodo de utilización plena de recursos, lo que difícilmente sucede.

Frente a estas dos tendencias la respuesta de Mazzucato es que el Estado emprendedor se caracteriza por invertir en áreas en las que el sector privado no lo hace, incluso si tuviera los recursos para ello. Para ella, el techo de inversión privada en innovación ocurre por razones cognitivas, es decir, diríamos que se debe a una limitación autoimpuesta por el pensamiento de ‘business as usual’. De hecho, de acuerdo con la autora, los estudios a nivel de empresa, que incentivan la decisión de las empresas de mudarse a un sector en particular, no depende de qué tan lucrativo sea, sino de las oportunidades tecnológicas y de mercado proyectadas que suelen estar condicionados por la cantidad y calidad de la inversión pública. Y, como bien apunta, estas se encuentran ligadas a la cantidad de inversión estatal en aquellas áreas, no al riesgo asumido por un solitario emprender de garaje.

Para entender este fenómeno con más detalle viajaremos a la célula Silicon Valley en nuestro siguiente artículo de esta serie sobre innovación en el sector público.

 

Notas

[1] Mariana Mazzucato es profesora de la Cátedra de Economía de la Innovación en la Universidad de Sussex, directora del Instituto para Innovación y Propósito Público de la University College London y miembro de varios organismos asesores para diversos gobiernos.

[2] Lynn Margulis propuso por primera vez los cimientos de su teoría en endosimbiótica en su multicitado artículo “On the origin of mitosing cells” (1967). Las implicaciones evolutivas de su argumento se pueden rastrear a lo largo de toda su obra académica y de difusión científica hasta su muerte en 2011.  

[3] Más adelante dedicaremos un artículo a discutir las críticas al trabajo de Mazzucato.

[4] Para una reseña sobre el caso iPhone consultar Morales Rosas (2020). “El lado oscuro del iPhone: el Estado emprendedor detrás de tu historia favorita de innovación.” Disponible en https://www.iexe.edu.mx/pagblog/el-lado-oscuro-del-iphone-el-estado-emprendedor-detras-de-tu-historia-favorita-de-innovacion.html

[5] Recordemos que la gobernanza constituye un enfoque dentro de la administración pública que parte del reconocimiento desde el sector público de la insuficiencia del Estado para enfrentar por sí sólo los grandes problemas sociales (más allá de su ineficiencia e ineficacia señalada ya por otros enfoques); y razón por la  cual el Estado debe abordar los problemas públicos de la mano del sector privado (Aguilar Villanueva, 2007).

 

Referencias

Aguilar Villanueva, L. F. (2007). El aporte de la Política Pública y de la Nueva Gestión Pública a la gobernanza. Revista del CLAD Reforma y Democracia, 39, 1–16.

Margulis, L. (1967). On the origin of mitosing cells. Journal of theoretical biology, 14, 255–274.

Mazzucato, M. (2015). The Entrepreneurial State: Debunking Public vs. Private Sector Myths. (Edición Revisada). Public Affairs.

Mazzucato, M. (2018). The Entrepreneurial State: Debunking Public vs. Private Sector Myths. Penguin Random House.

Morales Rosas, S. (2020, julio 13). El lado oscuro del iPhone: El Estado emprendedor detrás de tu historia favorita de innovación [Blog IEXE Universidad]. https://www.iexe.edu.mx/pagblog/el-lado-oscuro-del-iphone-el-estado-emprendedor-detras-de-tu-historia-favorita-de-innovacion.html

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