Kahneman y la experiencia contra la memoria o ¿por qué lo más importante de una presentación es el final?

Kahneman y la experiencia contra la memoria o ¿por qué lo más importante de una presentación es el final?

Gabriel García Márquez alguna vez escribió que “la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado” (1985). Si bien, la frase está cargada de una muy buena dosis de belleza, quizá esté equivocada o por lo menos no sea del todo correcta.

Sin embargo, antes de que los seguidores a ultranza del Nobel Colombiano monten en cólera, es conveniente hacer varias precisiones. Para ello, echaremos mano de las ideas de Daniel Kahneman (2012), autor del célebre “Pensar rápido, pensar despacio”, una obra cuya premisa fundamental es que todos tenemos dos sistemas de pensamiento: el pensamiento rápido y el pensamiento lento.

Mientras que el pensamiento rápido es automático, altamente basado en emociones y el subconsciente; el pensamiento lento es consciente, calculador y basado en la lógica. Todos usamos ambos sistemas y es gracias a ellos que somos personas funcionales, es decir, no podemos detenernos en cada pequeña decisión que se nos presenta para que esta pueda ser juzgada de manera minuciosa por nuestro sistema de pensamiento lento, de la misma forma, tampoco podemos dejar las decisiones importantes al sistema rápido.

Lo cierto es que, de acuerdo a Kahneman, el pensamiento rápido suele dominar al lento, lo que conlleva un problema, porque el primero suele ser errático y altamente propenso a ser afectado por sesgos cognitivos. Será tema para otra entrada platicar cada uno de estos sesgos, sin embargo en esta ocasión nos centraremos en la ilusión cognitiva que el autor describe como el dilema de los dos “yo”.

Dos yo: experiencia vs memoria

De manera metafórica, Kahneman explica que dentro de nosotros habitan dos “yo”: el yo que experimenta y el yo que recuerda. Mientras que el primer “yo” está anclado al presente y lo que se experimenta en el ahora, el segundo está basado en los recuerdos y, en palabras del autor, estos “son todo lo que conservamos de nuestra experiencia vital y la única perspectiva que podemos adoptar cuando pensamos en nuestras vidas…” El yo que recuerda suele ponderar el punto más intenso de las experiencias, por su parte, el yo que experimenta da más importancia a la duración de las mismas. El hecho parecería meramente anecdótico, sin embargo, esto tienen consecuencias en temas tan profundos como la felicidad, la percepción de la realidad y la memoria, este último punto es el que nos atañe ahora; pero, ¿qué tiene que ver todo esto con una presentación de trabajo para el ámbito público o privado? Todo.

Una presentación memorable y convincente

En el mundo laboral es muy común que para presentar resultados, para ofrecer productos o servicios, para promover la toma de decisiones, o simplemente para comunicar; se haga a través de presentaciones. Estas se suelen hacer en softwares como PowerPoint, Prezi o Keynote, sin embargo, sin importar en que estén realizadas, todas contienen una estructura más o menos similar, con una introducción, la exposición de un tema central y las conclusiones.

A pesar de que, en la actualidad, se le da mucha importancia a este tipo de herramientas para comunicar, son pocas las personas que dominan el arte de realizar presentaciones impactantes y efectivas. La principal razón es porque se suelen percibir como tediosas y aburridas.

Lo cierto es que quizá la mayoría conozcamos una anécdota que involucre una presentación hecha con información muy relevante pero que al final no convenció a nadie por tener una lámina mal diseñada, una falta de ortografía o una falla técnica con el ordenador. Al finalizar la misma, quizá nadie recordará lo valioso de lo expuesto, sino sólo aquel mínimo detalle que arruinó por completo toda la presentación.

Imagina que eres tú el desafortunado que, gracias a un pequeño mal detalle, ahora es visto como el expositor de una presentación recordada por un fragmento que salió mal. Quizá la trabajaste por semanas y al final nadie recordará nada de lo expuesto, ¿cómo es esto posible?

Es aquí donde nuevamente entra Kahneman. El autor explica que la forma en como emitimos juicios de valor respecto a nuestras experiencias está a cargo del yo que recuerda y este, como ya explicamos, privilegia la intensidad por sobre la duración. Pongamos otro ejemplo. Imagina que recientemente terminaste una relación de muchos años, al final de la misma tú y tu expareja solían discutir mucho y todo terminó con drama y lágrimas de ambas partes ¿Cómo valorarías esa relación?, quizá de mala manera, pensando que todo fue un desastre y una completa pérdida de tiempo pero, ¿realmente esto es así? Haz un ejercicio de memoria, en todos esos años hubo muchos buenos momentos, es más, quizá hubo mucho más buenos momentos que malos.

La razón detrás de esto se debe a dos fenómenos descritos por Kahneman:

  1. La regla del pico final: las personas valoran las experiencias por el momento más intenso y el momento final de las mismas.
  2. El olvido de la duración: la extensión en el tiempo de una experiencia no tiene efecto sobre la valoración total de la misma.

La consecuencia de estos dos fenómenos es que nuestra percepción del pasado es distorsionada porque, para terminar, las partes negativas de una experiencia tienen más peso que las positivas.

¿Cómo podemos usar la experiencia y la memoria nuestro favor?

Lo ideal sería que tus presentaciones fueran impecables en forma y fondo y que cuidaras cada detalle, pero seamos honestos, a lo largo de cada una de ellas hay varios momentos que salen fuera de nuestro control o, simplemente, nada ni nadie es infalible. Entonces, ¿qué podemos hacer?

La respuesta es simple, genera picos de intensidad cada cierto tiempo a lo largo de la presentación, a través de una frase poderosa, una imagen impactante, un video corto o pequeñas historias que refuercen lo expuesto. Si algo imprevisto y negativo ocurre durante la misma, aún tienes una oportunidad más para reivindicarte a través de un final fuerte que termine por volverse la parte más memorable de la presentación.

Kahneman termina diciendo respecto la ponderación de la intensidad sobre la extensión en el tiempo que “es un desgraciado caso de olvido de la duración. Se da el mismo valor a la parte buena y a la parte mala de la experiencia, aunque la buena haya durado diez veces más que la mala”.

 

Referencias:

García, G. (1985). El amor en los tiempos del cólera. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

Kahneman, D. (2012). Pensar rápido, pensar despacio. Barcelona: Debate.

Kahneman, D. (2010). Daniel Kahneman: El enigma de la experiencia frente a la memoria.

Junio 20, 2020, de: https://www.youtube.com/watch?v=XgRlrBl-7Yg

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Liz Pérez Camacho

Sobre la autora

Comunicóloga con 10 años de experiencia en el campo editorial y en procesos de capacitación en proyectos nacionales e internacionales de IEXE Universidad, directora de IEXE Editorial y fotógrafa de a pie.

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