La cura a la corrupción

La cura a la corrupción

25.08.2020

Autor
Josué Arroyo Aguilar

Experto en políticas públicas, docente en Seguridad Pública, Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Actualmente es doctorante en Políticas Públicas en IEXE Universidad.

 

La corrupción es una epidemia contagiosa que hace estragos horrorosos en el país de la “empleomanía” sino establecemos un cordón sanitario y se hace pasar una rigurosa cuarentena a los que sienten los primeros síntomas, el desarrollo será espantoso y las consecuencias muy fatales (Rico y Amat, 1989, pág. 127).

Así definía la corrupción el poeta y jurista español Juan Rico y Amat en 1855, es decir, ¡hace ya 165 años! Corromperse (descomponerse) consistente en sacar provecho de las funciones propias y conseguir un beneficio, el cual puede ser económico, político o social. También incluye el soborno, el tráfico de influencias, el mal aconsejar o el sabotaje mismo (RAE, 2020).

¿Es inminente contagiarse y ser corrupto? Los más pesimistas dirían que sí porque según ellos es una herencia cultural, algo que se lleva en las venas y de lo cual no podemos escapar. —Si somos una república corrupta siempre la seremos —, sin embargo, Aristóteles pensaría diferente. Bajo su perspectiva, cada uno de nosotros se vale del “pertenecer” y del “ser”; en otras palabras, una cosa es vivir entre la corrupción (pertenecer) y otra muy diferente es adoptarla (ser corrupto o corruptor).

Parafraseando la teoría de conflictos del profesor Johan Galtung (2003)[1] podríamos decir que la corrupción puede ser directa, estructural o cultural. La corrupción directa se da entre personas con relaciones asimétricas de poder; la corrupción estructural se presenta entre las instituciones u organizaciones (públicas o privadas); y la corrupción cultural de acuerdo con sus pretensiones (negociación, ideologías, o el lenguaje mismo).

Adicionalmente, su cómplice es la impunidad y decimos que algo queda impune cuando no hay castigo o indemnización del daño. De manera más profunda Le Clercq y Rodríguez Sánchez (2020) establecen dos categorías interesantes: la impunidad de “derecho” (estructural) y la de “hecho” (funcional).

El primer tipo de impunidad se da cuando las capacidades del Estado (recursos físicos, jurídicos y humanos) no son suficientes, es decir, existe poca policía, fiscales, jueces, magistrados, legislación anticorrupción, infraestructura penitenciaria o bajo presupuesto (Le Clercq Ortega & Rodríguez Sánchez, 2020, pág. 44).

Mientras que el segundo tipo de impunidad se relaciona con el funcionamiento (desempeño) de estas instituciones en la procuración e impartición de justicia (Le Clercq Ortega & Rodríguez Sánchez, 2020, pág. 45).

Así como existe la corrupción, también el fraude, el robo o los homicidios y crear políticas públicas específicas para cada una de ellas sería muy costoso y posiblemente difícil de tratarlas, de ahí que la propuesta de Le Clercq y Rodríguez Sánchez (2020) es sumamente valiosa, porque pone el énfasis no propiamente en el delito sino en los encargados de perseguirlos, estos son los sistemas de seguridad y justicia.

Construir y mejorar las instituciones es un camino lento pero seguro, perpetuar la impunidad de los países significa sellar la comisión de delitos, las violaciones a los derechos humanos, la corrupción (descomposición) social y en última instancia a la privación de la vida (homicidio).

Notas

[1] El profesor Galtung habla propiamente de tres formas de violencia: directa, estructural y cultural.

Referencias

Galtung, J. (2003). Paz por medios pacíficos: Paz y conflicto,desarrollo y civilización. Bilbao: Gernika Gogoratus.

Le Clercq Ortega, J. A., & Rodríguez Sánchez, G. (2020). Índice Global de Impunidad 2020: Escalas de impunidad en el mundo. Puebla: Udlap.

RAE. (23 de agosto de 2020). Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Obtenido de https://dle.rae.es/corromper

Rico y Amat, J. (1989). Diccionario de los políticos: para divertimento de los que ya lo han sido y enseñanza de los que aun quieren serlo. México: Miguel Ángel Porrúa.

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