La otra cara del sistema en el marco del COVID-19

23.09.2020

Autor
Mónica Carmen Palma Rivera

Especialista en estudios culturales, género, derechos humanos y desarrollo local. Actualmente es correctora de estilo y redacción en las áreas de marketing y editorial de IEXE Universidad. 

Caso 1. El precio de las comidas a domicilio

La pandemia que desde inicios de este año a azorado a todo el mundo ha generado la aceleración de grandes transformaciones en diversos ámbitos que van desde el educativo hasta el comercial.

Entre afectaciones positivas y negativas a las empresas, la economía global se sostiene de un hilo, aprendizajes y mecanismos de adaptación fueron diseñados en muy poco tiempo para sobre llevar semejante golpe.

En este contexto, algunos escenarios de vulnerabilidad que ya existían, se vieron agravados por las medidas de distanciamiento social, aislamiento y otras relacionadas con el intercambio de bienes y servicios, en lo que el contacto físico fue restringido para evitar la propagación del virus. Uno de los sectores que ha sobrellevado dichos cambios con cierto aplomo han sido sin duda, han sido las empresas de entrega de comida a domicilio como UberEats, DidiFood, Rappid, Cornershop, entre otro sinnúmero de opciones.

Desde marzo de este año, diversos medios de comunicación como en las propias aplicaciones, se anunciaron medidas de seguridad como parte de los protocolos para garantizar, particularmente, el bienestar de los y las clientas, así como otras de apoyo a las pequeñas empresas de comida. Pero ¿qué hay detrás de cada servicio de entrega de comida?

Fuente: (Navarrete, 2020).

Una comida… una vida

“En tu pedido va mi vida” es la frase que representa al colectivo #NiUnRepartidorMenos en la Ciudad de México que se originó tras el fallecimiento de José Manuel Matías, quien fuera arrollado en noviembre del 2018 mientras hacía una entrega  (nosotrxs.org, s.f.) situación que se repite en numerosos casos de “socios” de diversas plataformas.

No es nuevo que cuantiosas problemáticas sociales se hicieran más evidentes a partir de los efectos negativos que ha dejado a su paso el COVID-19. Uno de los ámbitos más recrudecidos fue el laboral, pues millones de personas perdieron sus empleos formales a nivel mundial y otros cuantos que viven en la informalidad, vieron restringida su movilidad y procesos de comercialización a causa de los candados impuestos para salvaguardar la vida.

Son relevantes las cifras señaladas por diversos medios de comunicación nacionales e internacionales, pues apuntan a un evidente crecimiento y aumento en las tarifas del servicio de entrega de comida, pero esta proporción no beneficia en la misma medida a los y las repartidoras de comida (Gómez Baray, 2020; Navarrete, 2020; San Juan, 2020).

De acuerdo con El Financiero:

cerca de 18.1 millones de usuarios piden comida para llevar en restaurantes y de ellos 9.1 millones ordena a través de apps de delivery como Just Eat, Rappi, Uber Eats y Postmates, una tendencia que se incrementó exponencialmente a medida que se extiende el aislamiento por la emergencia sanitaria por el coronavirus. (Gutiérrez, 2020)

Sí, la industria del “delivery food” ha crecido de manera exponencial, pero eso no se ha traducido en mejores condiciones laborales para los y las repartidoras.

En medio de la pandemia, los “socios repartidores” se enfrentan diversas problemáticas en las que, ahora, ya no sólo se exponen a niveles de riesgo alto derivados de la falta de cultura vial en nuestro país, sino a contagiarse el virus entre cada pedido y no recibir atención médica que se garantizada por su empleador ni por algún otro mecanismo de seguridad social.

¿Precariedad laboral o ventana de oportunidad?

 Entre las condiciones de precariedad laboral, las cuales, se agravan a causa del COVID-19, se pueden identificar:

  • La falta de soporte o apoyo a su medio de trabajo o transporte, es decir, ellos y ellas cubren los gastos derivados de su principal herramienta de trabajo. Es una de las condiciones propiciadas por el mercado que, para restringir sus responsabilidades para el trabajador, lo reconocer en condiciones de “socio” y no como un trabajador más
  • Jornadas laborales que van de las 10 a las 12 horas de trabajo que representan un aproximado de 1 300 a 1 500 pesos diarios y que en perspectiva se vuelve relativo conforme a las necesidades de cada familia
  • Situación de riesgo frente a una contingencia vial
  • Falta de seguridad social o acceso a servicios de salud, que suelen ser cubierto por ellos y ellas mismas
  • No tienen manera de obtener incapacidad en caso de accidentes
  • No hay un ingreso relativamente estable, situación que se reflejó claramente al inicio de la pandemia
  • No existen mecanismo que los hagan acreedores a tomar vacaciones con paga ni esquemas de ahorro
  • Tampoco una capacitación mínima en seguridad(Santiago Páramo & #NiUnRepartidorMenos, 2019).

Aunado a lo anterior, en entrevista para el medio Infobae México, la repartidora Estefany Rosas miembro del colectivo Deliverlibres compartió que las medidas de ajuste económico por parte de las plataformas no representaron un beneficio pues:

“Desde que entró la pandemia fue una baja de pago de los pedidos, por ejemplo, si antes cobrábamos mínimo 40 pesos un viaje, ahora te lo están pagando en 28, 30 pesos” (San Juan, 2020).

De este modo, vemos el crecimiento de un grupo vulnerable en un sector específico cuyas demandas se arraigan en el derecho humano al trabajo digno y que, lejos de convertirse en una problemática social difusa y etérea lentamente camina hacia convertirse en un problema público; lo cual, interpela al quehacer del Estado en materia de derechos y su papel como regulador para que dicho sector y dinámica laboral, cuenten con las estructuras jurídicas, normativas y de políticas públicas, que reconozcan no sólo el derecho de estas personas a tener mejores condiciones laborales, sino a ser incluidas mediante herramientas y orientaciones formales que posibiliten la mejor distribución de las ganancias.

Referencias

Gómez Baray, K. (24 de marzo de 2020). ¿Qué han hecho Rappi, Uber Eats y DiDi Food para proteger a sus repartidores y clientes del coronavirus? Obtenido de El Economista: https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Que-han-hecho-Rappi-Uber-Eats-y-DiDi-Food-para-proteger-a-sus-repartidores-y-clientes-del-coronavirus-20200324-0084.html

Gutiérrez, A. L. (20 de 04 de 2020). COVID-19 y desempleo suben demanda de aplicaciones de comida a domicilio. Obtenido de El Financiero: https://www.elfinanciero.com.mx/empresas/covid-19-y-desempleo-suben-demanda-de-aplicaciones-de-comida-a-domicilio

Navarrete, S. (23 de julio de 2020). El COVID-19 ‘alimenta’ las filas de repartidores, pese a condiciones laborales. Obtenido de Expansión Política: https://politica.expansion.mx/cdmx/2020/07/23/el-covid-19-alimenta-las-filas-de-repartidores-pese-a-condiciones-laborales

nosotrxs.org. (s.f.). Nosotrxs. Obtenido de nosotrxs.org: https://nosotrxs.org/

San Juan, A. (16 de junio de 2020). De la app al plato: el precio oculto de pedir comida a domicilio. Obtenido de infobae: https://www.infobae.com/america/mexico/2020/06/16/de-la-app-al-plato-el-precio-oculto-de-pedir-comida-a-domicilio/

Santiago Páramo, A., & #NiUnRepartidorMenos, C. (27 de noviembre de 2019). En tu pedido, va mi vida. Animal Político. Recuperado el 17 de septiembre de 2020, de https://www.animalpolitico.com/nuestras-voces/en-tu-pedido-va-mi-vida/

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