¡TE ESTAMOS VIGILANDO! ¿La videovigilancia, reduce el crimen?

07.10.2020

Autor
Carlos Armando Navarrete Maldonado

Especialista en Economía y docente de maestría la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Es articulista externo de IEXE Universidad.

Pese a que los sospechosos del atentado con explosivos en Boston, Estados Unidos, fueron descubiertos a partir de las imágenes capturadas por las cámaras de seguridad ubicadas en las calles por donde se corría la maratón, apoyadas por aquellas que estaban colocadas en las tiendas del lugar; la reticencia por implementarlas en la ciudad no es menor, más aún cuando existen sectores de defensa de las libertades y derechos de los ciudadanos que se oponen rotundamente a dicha acción, aludiendo que esto viola los derechos a la privacidad de la ciudadanía.

Las primeras cámaras de vigilancia se hicieron ver en espacios públicos en ciudades con gran afluencia de personas que resultaban como atractivo turístico, tanto en Estado Unidos como en Europa, teniendo como objetivo detectar pequeños ladronzuelos, estafadores, comerciantes ambulantes e ilegales en general, así como disuadir comportamientos que alteraran el orden social (Hempel y Töpfer, 2009).

A fines de los ochenta y principios de los noventa, a partir de atentados terroristas en el Reino Unido, las cámaras de vigilancia se instalaron en puntos estratégicos de Londres, específicamente avenidas y edificios que podían ser el blanco de nuevos ataques. No obstante, la videovigilancia únicamente cobró fuerza tras el brutal asesinato de James Bulger, un niño de tan sólo dos años de edad, secuestrado desde el centro comercial New Strand en Merseyside (Liverpool, Reino Unido), siendo las cámaras de seguridad de dicho centro, elemento fundamental para la captura de los asesinos del menor.

Así, Londres se ha convertido con el correr de los años en la capital de la videovigilancia con sus más de 600 000 cámaras que sumadas a las privadas, sobrepasan los 4.2 millones de aparatos electrónicos que vigilan constantemente y en forma ininterrumpida el accionar en la ciudad, haciendo que cada londinense pueda ser grabado más de 300 veces al día.

A propósito de dicho escenario, América Latina se ha convertido en un nicho atractivo para el comercio de estos aparatos electrónicos, que ya son parte del diseño de los nuevos grupos inmobiliarios. De acuerdo al reporte del IMS Research (2014), el mercado de la videovigilancia en la región mantuvo una tasa de crecimiento del 40.5 % a partir del 2008, incrementándose al 60 % a partir del 2012.

VIDEOVIGILANCIA EN MÉXICO

En el año 2007 el gobierno de la Ciudad de México puso en marcha el programa de seguridad pública llamado “Ciudad Segura”, que tenía como objetivo reducir la incidencia delictual mediante la instalación gradual de más de 8 000 cámaras de videovigilancia, el cual, sería comandado con en el Centro de Control (C4), que tuvo un costo de inversión de 9, 979, 766, 280 pesos, equivalente entonces a 760, 767, 530 dólares y representaba el 1.29 % del presupuesto acumulado de la Ciudad de México para el periodo 2007-2012 (Sánchez, 2016).

De acuerdo al Censo Nacional del 2015, veintinueve entidades federativas y el Distrito Federal tenían bajo su control 25 631 cámaras de vigilancia aplicadas a la seguridad, duplicando así lo que existía para el año 2011. El 41 % de las instaladas en el país se encuentran en la capital (10 597 cámaras) (Arteaga, 2016).

 

LAS TEORÍA DE LA COMISIÓN DE DELITO

La idea de la vigilancia mediante cámaras de seguridad nace a partir de la teoría propuesta por el economista Gary Becker en el año 1968 que en Crime and Punishment: an Economic Approach sostiene que la presencia regular de los cuerpos de seguridad en una zona, eleva las posibilidades de arrestar a los delincuentes por lo que estos evitarán delinquir en esa zona a partir de la presencia constante de las autoridades, por lo que ante la necesidad de seguir con su carrera delictiva, trasladarán su accionar a otra zona.

Los estudios realizados con el fin de comprobar la teoría de Becker, pero ahora reemplazando la vigilancia constante de la policía, por cámaras de videovigilancia, arrojan resultados variados. Gill y Spriggs (2005) mencionan que la instalación de cámaras de videovigilancia urbana puede reducir la comisión de delitos en las zonas que se implementan no sólo porque la presencia de éstas aumenta el riesgo percibido por los delincuentes, sino que eleva la percepción de seguridad de los habitantes incrementando el flujo en las calles, permitiendo así un crecimiento en la vigilancia natural.

Así mismo, los estudios de Brown (1995); Ditton y Short (1999); Welsh et al. (2015); Ratcliffe, Taniguchi y Taylor (2009), sostienen que el uso de cámaras supone el monitoreo constante y la presencia policial en la zona, aumentando con ello la posibilidad de detención de delincuentes. Por otro lado, las investigaciones de Felson y Clarke (1998), afirman que el delito debe implicar poco esfuerzo y riesgo, condiciones que, en presencia de cámaras de videovigilancia serían contraproducentes. Esta situación, afectaría el comportamiento del delincuente, reduciendo con ello la decisión por delinquir.

Pero, ¿SON REALMENTE EFECTIVAS LAS CÁMARAS DE VIDEOVIGILANCIA PARA LA DISMINUCIÓN DEL DELITO?

Estudios cuya finalidad han sido medir la eficacia de las cámaras de seguridad han arrojado resultados variados y contradictorios. Así, Griffiths (2003) exploró el efecto de la vigilancia remota en Gillingham, Inglaterra, en donde la incidencia criminal disminuyó un 35 % en la zona de tratamiento, mientras que en la zona de control apenas hubo una reducción del 0.05 %. Resultados similares obtuvieron Ratcliffe, Taniguchi y Taylor (2009) en Filadelfia, en donde se logró reducir el crimen en 13 %. Sin embargo, Grandmaison y Tremblay (1997) que analizaron la instalación de estos dispositivos en el metro de Montreal, determinaron que no es significativa. Por su parte, Brown (1995) descubrió que las cámaras tienen un efecto revelador al reducir la incidencia criminal en el periodo de instalación de los aparatos, lo que al transcurrir el tiempo, se diluye.

Un estudio realizado en la Ciudad de México en el que se contrastaron los datos estadísticos de la incidencia delictiva del primer trimestre del año 2008  con los del 2009, después de haber instalado cámaras de vigilancia en 71 zonas de vigilancia policial, arrojó que:

Respecto a la disminución de los delitos, esta no es concluyente ya que en algunos polígonos si bien disminuyó, en otros curiosamente aumentó. En los casos de disminución, ésta no fue sostenida en el tiempo. Respecto a la migración del delito, tampoco se pudo concluir positivamente por cuanto no se observó un aumento delictual hacia las zonas cercanas que no tuviesen cámaras (Sánchez 2016).

Finalmente, y ante tal incertidumbre respecto a la efectividad real que posee la implementación de sistemas de videovigilancia cuyo objetivo aceptado es la prevención y reducción de delitos que coadyuven a generar un entorno de seguridad; es imperativo no dejar de observar el costo que conlleva para la nación y sus habitantes, no sólo financiero, sino también las implicaciones que tiene en lo que refiere al derecho a la libertad y a la privacidad de las personas, al ser grabadas sin siquiera darse cuenta de ello.

No queda más que observar la gran utilidad que nos han brindado en situaciones especiales, cuando convirtiéndose en evidencia de la comisión de un delito ante los tribunales, ha posibilitado generar una línea de investigación que ha culminado, en algunos casos, por pocos que sean, la tan ansiada y necesaria justicia.

Referencias

En construcciòn

 

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