Umberto Eco y su cruzada contra la prensa o ¿por qué no debemos asumir nada y cuestionar todo?

 

“Los periódicos no me dicen qué tengo que pensar. También porque no leo uno sólo y estoy abierto a muchas sugerencias. Pero un lector más ingenuo o menos preparado está más influenciado…”

Umberto Eco

Para nadie es un secreto que el célebre filósofo italiano Umberto Eco siempre mantuvo una posición crítica respecto al quehacer de la prensa de su país, pero también del mundo. Con frases ciertamente polémicas y lacerantes como aquella vez que dijo: “No estoy seguro de que Internet haya mejorado el periodismo, porque es más fácil encontrar mentiras en Internet que en una agencia como Reuters”; o cuando afirmó que “el New York Post era un periódico de cuarta categoría que se avergonzarían de leer en Omaha, Nebraska”.

Su muerte, acaecida en febrero de 2016, nos privó de una de las visiones más agudas de la cultura contemporánea; es así como hoy sólo podemos imaginar lo que el sabio alesandrino pudo haber opinado de temas como la prensa y su cobertura del COVID-19, tema que quizá abordemos en otra ocasión.

Para Eco, la función de la prensa es, sin duda, “la de controlar y criticar a los tres poderes tradicionales”, además de al poder económico, pues su principal actividad es la de crear opinión pública, sin embargo esto sólo puede mantenerse hasta cierto punto en la teoría, porque para el semiotista hay múltiples falencias en la naturaleza misma de la prensa; razón por la cual siempre mantuvo una sana incredulidad sobre lo mostrado por los medios. Abordar todos los puntos que marcó Eco al respecto, resultaría una labor muy extensa, por lo que en esta ocasión retomaremos sólo 3 de ellos: 1) la imposibilidad de la objetividad; 2) la ideología del espectáculo y 3) la prensa contra la prensa y el escándalo.

La imposibilidad de la objetividad

Es común recriminarle a la prensa  (sobre todo a algunos medios) su falta de objetividad, sin embargo en opinión de Eco, no puede existir la noticia verdaderamente objetiva. En sus propias palabras: “aun separando cuidadosamente comentario y noticia, la elección misma de la noticia y su confección constituye elemento de juicio implícito”.

Esto quiere decir que no importa cuánto se persiga la objetividad en los medios, esta no es asequible por completo. La elección de palabras, la extensión de las notas, el horario o página en la que se publican o incluso la música o el color de la tinta con la que se imprime, marca un sesgo que es imposible eliminar.

Por lo tanto, lo mejor que podemos hacer es contrastar información de varios medios para que, a partir de múltiples subjetividades, construyamos nuestra propia visión, quizá igual de subjetiva, pero única.

La ideología del espectáculo

Todos tenemos claro que los medios de comunicación mantienen una relación casi simbiótica con la publicidad. Eco enfatizaba que cuando un diario aumentaba su número de páginas, no era porque quisiera dar una cobertura más profunda a sus notas, sino porque buscaba aumentar la lucha por la publicidad. Así, cuando un medio se inventa suplementos o secciones, necesariamente también se debía inventar pretextos para contar algo, aun cuando este “algo” no fuera relevante, por lo tanto, los medios transformaban en noticia lo que originalmente no lo era.

La ideología del espectáculo genera dos fenómenos, por un lado, que los hacedores de marketing marquen una agenda, y por el otro, que los medios le quiten reflectores a temas que pueden ser realmente importantes, banalizando la información y dedicando más tiempo del necesario a lo que da espectáculo pero no contenido.

La prensa contra la prensa y el escándalo

Dada la relación entre la prensa, la publicidad y los poderes, es común que los medios estén en constante pugna, es así como por ejemplo, una simple entrevista se puede volver el objeto de deseo de todos los medios.

En este sentido, se publican decenas de entrevistas diariamente, pero generalmente el entrevistado dice lo que ya ha dicho muchas veces a otros medios. Por lo tanto, para superar a la competencia es necesario que la entrevista sea más atractiva, por lo que se busca a toda costa que, por ejemplo, un político de una declaración desafortunada, poco acertada o ya de plano escandalosa. Lo que implica que, más que informar, los medios buscan shokear.

Analizando lo anterior pareciera que el mítico autor nos deja indefensos ante la vorágine de contenido que no busca informarnos, sino entretenernos. Lo cierto es que si bien, parece que la responsabilidad del pensamiento crítico radica en los medios, esto no es así, sino en la interpretación profunda y analítica que cada uno de nosotros da a lo que los medios deciden mostrar y preguntarnos: qué más hay y qué desconocemos.

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Liz Pérez Camacho

Sobre la autora

Comunicóloga con 10 años de experiencia en el campo editorial y en procesos de capacitación en proyectos nacionales e internacionales de IEXE Universidad, directora de IEXE Editorial y fotógrafa de a pie.

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