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El automóvil es (y seguirá siendo) el medio de transporte por antonomasia dentro de las ciudades, nos guste o no; por ende, es el principal responsable de accidentes viales y comunicación. Sin embargo, sí podemos lograr que el automóvil deje de ser el enemigo número uno de la movilidad urbana.

Es verdad que en muchas ciudades alrededor del mundo existe un severo problema público de movilidad causada por los automóviles, que implica tráfico, contaminación, pérdidas económicas e incluso accidentes viales que causan muerte y discapacidad en las personas. La seriedad del problema es tal que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que anualmente hay más de 1.25 millones de muertes ocasionadas por accidentes viales1, en los cuales los principales afectados son peatones, ciclistas y motociclistas. Esta cifra ha obligado a la OMS a declarar a la “violencia vial”, es decir, a los traumatismos y defunciones por percances viales, como la undécima causa de muerte a nivel mundial.


“Anualmente hay más de 1.25 millones de muertes ocasionadas por accidentes viales en los cuales los principales afectados son peatones, ciclistas y motociclistas.”


Con base en lo anterior, sumado al costo actual de adquirir y mantener un auto (gasolina, seguro, estacionamientos, impuestos), no es sorprendente que la gente se esté convenciendo cada vez más de que los automóviles deben de dejar de adquirirse.
Sin embargo, siendo realistas, no es viable que todos dejemos de usar el automóvil de un día para otro. Hay mucha gente que vive lejos de sus lugares de estudio o de trabajo, o necesita un automóvil para trabajar; se usa para transportar mercancía, para el transporte masivo de personas. No obstante, sí podemos cambiar los esquemas en los que usamos el automóvil para mejorar la movilidad y tener ciudades y calles más amables con todos los demás: peatones, ciclistas, etcétera.


Actualmente, la mayoría del parque vehicular tanto en México como en el mundo es de propiedad privada y para uso individual, aunque hay una creciente falta de interés por seguir este tipo de esquemas de propiedad.2 Esto se explica por un cambio generacional, ya que los millennials (las personas nacidas después de 1980) poco a poco han dejado de ver al automóvil como un indicativo de estatus socioeconómico (Neckerman, 2015)3. Sus valores y prioridades son otras, por lo que están más abiertos a explorar otros medios de traslado como el transporte público; las bicicletas e incluso, a adoptar esquemas de car-pooling y car-sharing.  


El car-pooling, por ejemplo, consiste en compartir un auto propio con otras personas durante un viaje para dividir gastos, mientras que el car-sharing es un esquema donde un coche privado se vuelve de uso comunitario para que múltiples personas lo ocupen de forma individual. Estos esquemas permiten ahorrarse los costos intrínsecos de la propiedad privada de un auto y la posibilidad de utilizar uno cuando se necesite.


Es por ello que la industria automotriz, al identificar estas tendencias, está concentrando sus esfuerzos de producción y venta en desarrollar autos más atractivos para esta generación (eléctricos, híbridos, autónomos, etc.); por lo que la producción de autos como la conocemos se verá modificada en los próximos cinco o diez años. Empresas como Tesla, Renault-Nissan, BMW, Volkswagen, Toyota y General Motors también están invirtiendo en este tipo de tecnologías.


Al mismo tiempo, la industria se ha empezado a involucrar también en el suministro de transporte masivo y en vender autos también a empresas.4 Además, alrededor del mundo, muchos gobiernos han comenzado a promover estas iniciativas. Un ejemplo es el sistema de autos compartidos establecido en la ciudad de Recife en Brasil. A través de una aplicación móvil, los usuarios pueden reservar coches eléctricos por el tiempo que lo necesiten y devolverlos a los puntos establecidos por el Ayuntamiento cuando los terminen de usar.
Incluso sin la intervención gubernamental, existen ya muchas otras aplicaciones que se basan en la misma dinámica. Algunas de ellas son Bla Bla Car, Carrot, Zipcar o el mismo UberPool, que permiten usar un automóvil sin tener uno propio.


La tecnología y la implementación de algunas de estas prácticas son las razones por las cuales el automóvil seguirá teniendo larga vida; sin embargo los vehículos evolucionarán con el paso del tiempo, adaptándose a las exigencias de los consumidores de la era digital.
Visto lo anterior, las políticas públicas de movilidad deben partir de la idea de que el automóvil seguirá siendo un medio de transporte empleado, por lo tanto los problemas y externalidades derivadas de su uso seguirán formando parte de la dinámica de las ciudades. Sin embargo, los gobiernos deben incentivar la creación de nuevos hábitos individuales y sociales alrededor del uso del automóvil. La creación de leyes y Secretarías de Movilidad y la implementación de Planes de Desarrollo o Movilidad Urbana son un buen comienzo para cambiar nuestra visión y conductas en las calles.


“Las políticas públicas de movilidad deben partir de la idea de que el automóvil seguirá siendo un medio de transporte empleado, por lo tanto los problemas y externalidades derivadas de su uso seguirán formando parte de la dinámica de las ciudades.”


Pero al mismo tiempo, las administraciones públicas también deben fomentar la inversión, la investigación y desarrollo, la adopción y la regulación de los siguientes avances tecnológicos que pueden marcar la diferencia en el modo en el que vivimos nuestras ciudades:

  • Fabricación de una nueva generación de vehículos que proteja tanto a sus ocupantes como a los demás usuarios de las vías;
  • Sistemas y estadísticas que puedan medir y monitorear accidentes viales y congestionamiento vial;
  • Sistemas que monitoreen y controlen las emisiones y los efectos en la calidad del aire y el entorno urbano, resultado del desplazamiento de los automóviles por las ciudades;
  • Todo lo que implica el Internet of Things y las inmensas cantidades de información que se puede generar tan sólo midiendo lo que pasa diariamente en las calles, gracias a las plataformas de Big Data;
  • Soluciones que permitan hacer más artificialmente el intercambio de bióxido de carbono por oxígeno;
  • Vehículos eléctricos con el avance tecnológico de las baterías y la instalación de infraestructura para la fácil recarga;
  • Uso de toda esta tecnología para incorporarla en la planeación urbana que debe ser tan dinámica como la ciudad que está tratando de ordenar.

El automóvil es y seguirá siendo el medio de transporte favorito dentro de las grandes urbes, sin embargo, un cambio de paradigmas en las personas respecto a su uso le abre la posibilidad de convertirse en un medio de transporte más amigable y eficiente, para que deje de ser el principal causante de un problema público y que, a partir de ahora, aporte a su mitigación.


Libro movilidad

Si quieres conocer más sobre las políticas que se han implementado en ciudades de América Latina y en ciudades mexicanas para incluir al automóvil como parte de la solución para promover una verdadera movilidad urbana, te recomendamos el libro Movilidad 3.0: Una política pública para vialidades seguras, sustentables e inteligentes. Los autores, Alfonso Vélez y Jaime Ferrer, profundizan en las razones que ocasionan el problema público de la movilidad urbana, así como en las mejores iniciativas para convertir a nuestras ciudades en mejores lugares para vivir.

[1] Organización Mundial de la Salud. (2015). Informe sobre la situación mundial de la seguridad vial 2015. Recuperado de: http://www.who.int/violence_injury_prevention/road_safety_status/2015/es/

[2] El incremento en la propiedad privada de automóviles se ve reflejado en los índices de motorización. Esto está documentado por instituciones como ITDP, la CEPAL, CTS-Embarq, entidades gubernamentales y otros organismos internacionales. En el siguiente documento se presenta evidencia estadística de estas afirmaciones: http://mexico.itdp.org/wp-content/uploads/Importancia-de-reduccion-de-uso-del-auto.pdf

[3] Neckerman, L. (2015). The Mobility Revolution: Zero Emissions, Zero Accidents, Zero Ownership.

[4] La industria está enfocando sus esfuerzos en acaparar a este nicho de mercado. Estrategias como el leasing y convenios con compañías como Uber, Carrot, ZipCar para vender flotas de vehículos o incluso autobuses para transporte colectivo de empresas, por ejemplo Banamex, en la Ciudad de México, ya ofrece a sus empleados rutas de transporte. Está tendencia está más marcada en países europeos u otros como Singapur que buscan incluso erradicar los automóviles de los centros urbanos. Para más información, ver: Neckerman (2015). The Mobility Revolution.

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