De centros místicos a pueblos mágicos

De centros místicos a pueblos mágicos

Serie: Modernizar la tradición (Capítulo 2)

La tradición es la transmisión del fuego y no la adoración de las cenizas

Gustav Mahler

En el capítulo anterior, nos avocamos a revisar algunos efectos y retos que tienen las políticas públicas vinculadas con el cuidado del patrimonio cultural, específicamente el arqueológico.

Citamos algunos escenarios en los que, las acciones de modernización promovidas por los actores gubernamentales para la mejora de la calidad de vida de sus habitantes, contravienen a la conservación y/o fortalecimiento de las identidades locales.

Entre los términos recuperados, el patrimonio cultural y la modernización, son clave para entender la compleja relación entre la cultura local y el quehacer gubernamental.

Otros conceptos importantes en esta red de categorías que se articulan y materializan en la realidad para hablarnos del vínculo “pasado-presente-futuro”, también están la identidad, la tradición y el espacio. Cada uno de estos términos, ponen en juego sus significados y atributos cuando desde diversos campos, se pretende explicarlos de una manera unívoca. Lo cierto es que llegan a depender del contexto en donde se usen, y la manera en que estos se encuentran incrustados y apropiados por sus hacedores.

Dicho lo anterior, en esta ocasión haremos una breve revisión a la forma en que tales acepciones, son el fundamento de una de las políticas públicas más aplaudidas en materia de turismo, esta es, la de Pueblos Mágicos.

Programa Pueblos Mágicos: virtudes, contradicciones y pendientes

Como se mencionó en el número anterior[1], aunque gran parte de la literatura acerca de políticas públicas sociales enlistan “ámbitos” para considerarse como tales, es importante detenernos a reflexionar sobre el valor y el tipo de obras que en infraestructura se realizan y su relación con lo que ha de considerarse en la construcción de la noción de lo público.

Tradicionalmente, las materias que sobresalen son salud, alimentación, educación y pobreza. La infraestructura, solo se toma en cuenta cuando esta está relacionada directamente con la provisión de un bien o servicio en los rubros ya mencionados. No así, al hablar de modernización de los espacios, –urbanos, rurales, semiurbanos- pues se ha dejado de lado su conexión con las personas, el papel en su cotidianidad y por tanto, el impacto de aquella en lo que significa resolver un problema público.

Una de las grandes acciones que se repiten tanto en el ámbito local como en el nacional, son aquellas que tienen como propósito impulsar el desarrollo y crecimiento económico para contribuir a la calidad de vida de la ciudadanía, la que habita en las grandes metrópolis, hasta la que vive en las comunidades más alejadas de los contextos urbanos.

En México, el turismo ha sido uno de los principales sectores fomentados para impulsar el desarrollo económico de localidades o zonas que, al no tener actividad económica propiciada por la instalación de industrias, impulsa el aprovechamiento de los bienes naturales o culturales propios del lugar. Este es el caso del Programa Pueblos Mágicos.

Esta política fue creada e impulsada por la Secretaria de Turismo (SECTUR) en 2001, cuyos objetivos principales iban encaminados al desarrollo y crecimiento económico de cierto tipo de comunidades, lugares o municipios que “…tienen atributos únicos, simbólicos, historias auténticas, hechos trascendentes, cotidianidad, que significa una gran oportunidad para el aprovechamiento turístico atendiendo a las motivaciones y necesidades de los viajeros…” (SECTUR, 2014)[2]. Su incorporación implica la adquisición de responsabilidades y gestiones por parte de los municipios. Una de ellas es la atracción y satisfacción turística mediante la mercantilización y consumo de su patrimonio cultural. Esta situación es palpable en el objetivo general del programa:

Fomentar el desarrollo sustentable de las localidades poseedoras de singularidad, carácter y autenticidad a través de la puesta en valor de sus atractivos, representados por una marca de exclusividad y prestigio teniendo como referencia las motivaciones y necesidades del viajero actual (SECTUR, 2014).

A saber, dicho programa tiene como ejes rectores: la sustentabilidad, privilegiar la participación social, procurar la inversión integral, facilitar la corresponsabilidad entre los diferentes actores de las localidades, e impulsar la rendición de cuentas por medio de indicadores (SECTUR, s.f.).

Sin embargo, conforme el objetivo citado, los beneficios inmediatos son ambiguos con respecto a la población originaria o local, pero es claro en lo que refiere a las necesidades del turista. En este sentido, la experiencia que se ofrece está atravesada por las relaciones y los vínculos con la dimensión espacial del destino, a veces como objetos de consumo y otras como escenario de la experiencia (Castells, 1999).

La incorporación de las localidades al Programa Pueblos Mágicos de la SECTUR, no solo considera el trabajo conjunto de los diversos niveles de gobierno –federal, estatal y municipal- así como la dotación de recursos financieros y materiales para el sostén de la maquinaria organizacional gubernamental que vigile y monitoree la actividad turística en la región sino también, la exaltación, renovación y construcción de infraestructura adecuada para que los y las turistas encuentren en cada visita, la mejor experiencia.

Pueblos Mágicos se entiende como una parte de la estructura institucional que coordina, evalúa, gestiona y ejecuta planes que detentan el bienestar de la ciudadanía a un nivel macrosocial, pero que en lo local, desestima las características particulares del lugar, denostando el ejercicio de inmersión del turista frente a una veneración y consumo de lo que es extraño, del folklore, de la cultura como objeto.

En este marco, el patrimonio cultural, dispuesto ya no solo en vestigios arqueológicos, sino en todo el contexto cultural del lugar, a través de sus usos, costumbres, prácticas de convivencia y vinculación con el entorno, son objeto de consumo; pues además, como parte de las obligaciones de los Pueblos Mágicos, el entorno debe ser modificado y homologado para la comodidad del visitante, lo que cuestiona su carácter sustentable.

Así, se impulsa un turismo a través de la mercantilización del patrimonio cultural, tangible e intangible, afectando las relaciones entre sociedad, identidad, tradición, espacio, territorio y patrimonio cultural (Castells, 1999; Giménez, 1999; González, 2001; Sack, 1996).

 

Tensiones y experiencias en su implementación

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la acción colectiva en pos de participar en la hechura de las políticas públicas, es que son pocos los espacios reglamentados o las normas que protegen su derecho a opinar sobre la forma en la que quieren que sus necesidades sean atendidas, particularmente cuando el territorio es una categoría que las atraviesa[3].

Además, permanece en nuestro contexto una manera de hacer la política pública: de “arriba hacia abajo” y se pueden identificar –aunque no a cabalidad- tendencias hacia enfoques incrementales y por las ramas, aunque como señala Dror (1992), un acatamiento real de dichos modelos, requeriría cierta estabilidad en los sistemas que las adhieren a su quehacer, lo cual no es nuestro caso.

A menudo, los espacios en donde se ha implementado esta política, poseen dinámicas barriales en la que dueños, campesinos y habitantes mantienen relaciones comunitarias y cercanas, que se han construido a lo largo del tiempo, con personas que son oriundas y externas a la localidad.

En tanto que la política, tiene poco más de 16 años de haber sido implementada, son más los estudios publicados que sin duda enuncian los beneficios y ventajas del programa, pero también hay aquellos que visibilizan las tensiones, contradicciones e impactos del mismo en el tejido social y cultural, más allá de la derrama económica. Hasta ahora, las aproximaciones de estudio se han empeñado en observar el comportamiento del turismo en relación con la derrama económica que provoca sin detenerse demasiado en los actores involucrados, la dimensión cultural y/o ambiental del lugar, ni los orígenes y efectos que tienen las inversiones públicas y privadas realizadas para la adecuada preparación de dicha actividad.

Salas y Guillén (2013), para el estudio de los casos de El fuerte, Sinaloa y Álamos, Sonora; consideraban que la adhesión de las comunidades a dicho programa podía repercutir fuertemente en la identidad y el imaginario colectivo que los propios habitantes tienen de sus pueblos.

Por su parte, García y Guerrero (2014) en el estudio realizado en Cuitzeo, Michoacán, muestran datos que comprueban que los pobladores del municipio tienen reservas en cuanto a la integración de los objetivos del programa con sus necesidades reales, disociando su percepción entre el discurso y un beneficio cuantificable y palpable. También identifican la falta de socialización de los lineamientos de operación que se traducen en la ejecución de obras y otras medidas sin que los habitantes sean consultados al respecto.

Hoyos y Hernández (2008), en su revisión del caso de Tepotzotlán y Valle de Bravo, consideran que el Programa Pueblos Mágicos impacta negativamente a las comunidades, mercantilizando sus propiedades culturales, historia y patrimonio intangible y tangible.

Aunque las investigaciones mencionadas hacen un énfasis en determinados aspectos que interesan a sus estudios, la reflexión sobre lo que son los Pueblos Mágicos coincide en la postura de Hoyos y Hernández (2008) que ven al programa como una expresión del modelo económico neoliberal que transforma las cotidianidades y valores de los lugares en bienes de consumo que generan otro tipo de valía –económica por sobre todas las demás- pero no un medio de preservación, exaltación cultural, sustentabilidad o desarrollo y crecimiento económico incluyente.

 

Hacia una política de turismo integral y sustentable

Como mencionaba García (1999), los usos de patrimonio por parte del aparato estatal se expresan en este tipo de políticas que priman la valoración económica del espacio social, histórico y arqueológico, aún están basadas en los imaginarios de modernización y progreso; subvalorando los otros significados del patrimonio, que implica, de manera inminente, la inclusión de las localidades en la apropiación de la política.

En Diseño de Políticas Públicas (2013), Franco Corzo es incisivo al insistir en la aplicación de los filtros de factibilidad ya no sólo para el diseño, sino también la implementación de políticas, siendo la factibilidad ambiental, social y política, dimensiones que no se pueden obviar en materia de políticas que tocan el tema cultural.

En ese sentido, su propuesta nos hace recordar la integralidad que prevalece en la realidad y la necesaria articulación de cada arista que la conforma, para contrarrestar los efectos de una política fragmentada que tiende a rezagar el aspecto ambiental, entendiendo que además, este último, no únicamente refiere al cuidado de ecosistemas y bienes naturales, sino de todo aquello que produce el espacio[4], en términos de los que plantea Henry Lefebvre y Doreen Massey, discusión que se abordará en el próximo artículo de esta serie.

Si bien, Pueblos Mágicos se propone contribuir al desarrollo y mejoramiento de la calidad de vida de las personas de las localidades a través del aprovechamiento del patrimonio cultural, es necesario romper con el paradigma modernizador y reconfigurar algunos de sus mecanismos de implementación, pues en lugar de generar cambios sustantivos en las poblaciones directamente involucradas, reproducen contextos de desigualdad social, al no generar condiciones políticas y sociales para que en su gestión, participen otros actores, como los lugareños, propietarios y/o sociedad civil.

Notas

[1] De cuando los malls se hicieron sobre vestigios. Consulta el artículo completo en https://www.iexe.edu.mx/pagblog/cuando-los-malls-se-hicieron-sobre-vestigios-politicas-publicas-en-materia-de-patrimonio-cultural.html

[2] Actualmente, se tiene un registro de 121 localidades y municipios nombrados “Pueblos Mágicos” (Secretaría de Turismo, 2020). Puedes consultar la lista en el siguiente link: https://www.gob.mx/sectur/articulos/pueblos-magicos-206528

[3] Guy Peters hace un comentario al respecto en “Modelos alternativos del proceso de la política pública: de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo”, cuando menciona la complejidad de las NIMBY.

[4] Ambos usan la categoría espacio para hablar de la manera en que los lugares físicos con construidos y significados a partir de las relaciones sociales que en ellos se sostiene, esto incluiría las condiciones naturales, como los soportes históricos (arqueológicos) y sociales que en ellos se producen y reproducen.

Referencias

Castells, M. (1999). La estructura urbana. En la Cuestión Urbana. México: Siglo XXI. Trad. Irene C. Oliván. (pp. 139-285).

Dror, Y. (1992). Salir del paso, ¿”ciencia” o inercia?, en Aguilar Villanueva. La hechura de las políticas. Miguel Ángel Porrúa; México, D.F., México. p.255-264.

García, N. (1999). Los usos sociales del Patrimonio Cultural. En Patrimonio etnológico. Nuevas Perspectivas de estudio. Encarnación Aguilar (Ed.) Junta de Andalucía: Consejería de Cultura. (pp. 16-73).

García, D. y Guerrero, H.R. (2014). El programa “Pueblos Mágicos”: análisis de los resultados de una consulta local ciudadana. El caso de Cuitzeo, Michoacán, México. Economía y Sociedad. 18 (31). Morelia, México: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Recuperado de: http://www.redalyc.org/pdf/510/51033723005.pdf

Giménez, G. (junio 1999). Territorio, cultura e identidades. La región socio-cultural. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas. Época II. 5 (9). Colima. (pp. 25-57)

González, A. (2011). Nuevas percepciones del territorio, Espacio Social y el Tiempo. Un estudio desde los conceptos tradicionales (o clásicos) hasta su concepción en el siglo XXI. Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Entre Ríos.

Guy Peters. (s.f.) “Modelos alternativos del proceso de política pública: de abajo hacia arriba o de arriba hacia abajo”. Revista Gestión y Política Pública. Disponible en: http://www.gestionypoliticapublica.cide.edu/num_anteriores/Vol.IV_No.II_2dosem/PG_Vol.4_No.II_2dosem.pdf

Hoyos, G. y Hernández, O. (julio-diciembre 2008). Localidades con Recursos Turísticos y el Programa «Pueblos Mágicos» en medio del Proceso de la Nueva Ruralidad. Los casos de Tepotzotlán y Valle de Bravo en el Estado de México. Quivera. 10 (2). (pp. 111-130). México: Universidad Autónoma del Estado de México. Recuperado de: http://sgpwe.izt.uam.mx/files/users/uami/mcheca/GEOPATRIMONIO/40113196008.pdf

Melé, P. (2010). Las dimensiones conflictivas del patrimonio. En Gestionar el patrimonio en tiempo de la globalización. Ana Rosas Mantecón y Eduardo Nivon (coord.). México: Biblioteca de Alteridades, UAM Iztapalapa, Juan Pablos Editores. (pp. 123-160)

Salas, I. y Guillén, M. (octubre 2013). Pueblos mágicos: estudio de la identidad cultural e imaginarios sociales de los habitantes de El fuerte, Sinaloa y Álamos, Sonora. Reflexión conceptual para un objeto de estudio. Topofilia: Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales. 4 (3). Recuperado de: http://topofilia.net/1%20M5C%20SHIG-%20MGL.pdf

Sack, R. (1980). La concepción social del espacio. En Conceptions of space in social thought: a geographic perspective. Londres: Macmillan. (pp. 167-193)

Secretaría de Turismo. (2014). Guía de incorporación y permanencia. Pueblos Mágicos. Recuperado de: www.sectur.gob.mx/wp-content/uploads/2014/10/GUIA-FINAL.pdf

Secretaria de Turismo. (26 de septiembre de 2014). ACUERDO por el que se establecen los Lineamientos generales para la incorporación y permanencia al Programa Pueblos Mágicos. Diario Oficial de la Federación. Recuperado de https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/273028/Acuerdo_Lineamientos_Generales_Pueblos_Ma_gicos_DOF_260914.pdf

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Mónica C. Palma Rivera

Sobre la autora

Comunicóloga, maestra en Ciencias Sociales y Humanidades, sus campos de interés son los estudios culturales, los estudios subalternos y las organizaciones de la sociedad civil. Docente y escritora amateur, tiene debilidad por las antigüedades.  

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