¿Se debe legislar sobre el humor?

¿Se debe legislar sobre el humor?

El humor es el ingrediente que hace más llevadera nuestra existencia; si bien no es compartido por todos, tiene un impacto en la mayoría de la gente, porque retrata nuestros valores, gustos y creencias como sociedad, ya sea implícita o explícitamente. No obstante, este motor de gracia o risas con frecuencia suele cruzar la línea entre lo cómico y lo grotesco, al grado de empujar a preguntarnos ¿debería tener límites?, ¿debería legislarse sobre el humor?

Antes de atender este cuestionamiento, es necesario hacer foco en el origen o causa del humor. De acuerdo con Sigmund Freud, la risa representa una fuga o válvula de escape para las tensiones internas en el organismo, por ende, también es motivo de placer. Bajo esta línea, el humor es promovido por un mecanismo psíquico, pero para que acontezca requiere de la interacción de por lo menos dos personas (Freud, 2017). El argumento anterior reposa en la teoría del alivio.

En torno al humor, también emerge la teoría de la incongruencia, la cual proyecta mejor a la sociedad del consumo, resguardando la idea de que la risa se deriva de los disparates, contradicciones e inadecuaciones, por eso, la ironía es la forma más clara del humor; sin embargo, alrededor de la teoría existen algunos detractores, sobre todo, porque no todas las incongruencias son risibles (Veira, 2018).

Además de las anteriores, es ampliamente reconocida la teoría de la superioridad, donde las desgracias de los demás son la fuente del humor. Casi todos los chistes racistas, sexistas, políticos y de contenido sexual o religioso pueden explicarse a través de esta óptica.

De manera particular, la sátira y la ironía son estandartes de la teoría de la superioridad, impelida por Hobbes (1980) y etiquetada como la gloria súbita: aquella pasión volcada en risas y causada por algún acto propio extraordinario que complace, o por la aprehensión de algo deformado en otro. En este sentido, el chiste implica reírnos de alguien o algo que concebimos como inferior o que no está a la altura de las expectativas sociales.

En realidad, el origen del humor puede explicarse en función de las circunstancias, por una de estas tres teorías o por las tres al unísono, pues no existe una verdad absoluta en relación con el mismo. Es más, siempre hay excepciones, lo que para muchos puede erigirse como causa de chanza, para otros puede ser simple. Lo anterior se ha volcado en un esfuerzo importante, protagonizado en el mundo antiguo por los griegos de cabezas laureadas, y al día de hoy, por múltiples teorías y diversos autores, para explicar qué es lo que causa el humor.

 En este tenor, la discusión sobre su legislación, o no, puede abordarse a partir de la teoría de la superioridad, mediante la cual también se responde si el humor debería tener límites. En este sentido, creo que sí, el humor debería limitarse; sin embargo, esto no implica que la vía para ello sean las leyes o legislación, pues hacerlo conllevaría restringir la libertad de expresión y este derecho debería superponerse a la herida de susceptibilidades.

Es decir, en la actualidad, proliferan en las redes sociales múltiples discursos de odio o de sorna, por ejemplo, relativos a las creencias religiosas; desde la lente de la libertad de expresión, sobre estos discursos no deberían dibujarse leyes, sobre lo que sí se debería legislar es sobre las acciones en las cuales pueden volcarse.

Pero, ¿por qué el humor debería tener límites? Porque existe un humor de buen gusto y de mal gusto. El primero no está a discusión y encaja en la teoría del alivio y la teoría de la incongruencia; pero el segundo sí tendría que someterse a escrutinio público y social, porque, de manera general, necesita de una víctima, la cual suele asociarse a un grupo vulnerable o marginado. Este es el tipo de humor que debe cuestionarse, pues suele multiplicar un estereotipo o normalizar el abuso hacia alguien que se considera inferior o negativamente diferente, aun cuando se sostenga en una falacia.

Pero para combatir este tipo de humor no es necesario emitir leyes, porque, como ya se mencionó antes, su coraza es la libertad de expresión. Lo que sí se puede hacer es promover su discusión, desde las trincheras tanto gubernamentales como sociales. Por ejemplo, no nos gustaría un arsenal legal sobre la música, la escultura, el cine o la pintura, pero sí querríamos poder discutir su contenido. Lo mismo debe ocurrir con el humor o humorismo.

Ahora, si queremos combatir el humor de mal gusto, no hay mejor arma que el humor de buen gusto. Legislar sobre los chistes que promueven la mofa o burla de los grupos de por sí con desventajas sería como atentar contra nosotros mismos, pues no son más que el reflejo de la sociedad que hemos construido. Antes de impulsar cualquier tipo de legislación sobre el humor, habríamos que dejar de aplaudir aquellos chistes que socavan la estima de los grupos vulnerables o marginan dos veces, habríamos que dejar de replicarlos.

 

Referencias

Gensollen, M. y Zúñiga, A. [SPOILER ALERT]. (2020). #9 Libertad de expresión: ¿tiene límites el humor? [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=kYilYVLqXmc

Hobbes, T. (1980). Leviatan. Madrid: Editora Nacional.

Veira, J. L. (2018). As teorías do humor e o cambio cultural. Revista Oficial da Sección de Psicoloxía e Saúde do COPG. Recuperado de https://copgalicia.gal/system/files/PDFs/publicacions/anuario_numero_11.pdf

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