Mundial 2026: sustentabilidad, derechos humanos y el reto de gestionar una ciudad durante un evento masivo

Elefantes blancos: cuando los estadios mundialistas y olímpicos pierden utilidad

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Por Expost

Redactor en EXPOST

icono de calendario15/06/2026 6 min de lectura
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Cada vez que una ciudad recibe unos Juegos Olímpicos o una Copa del Mundo, la atención suele concentrarse en las ceremonias, los estadios llenos y la emoción deportiva. Sin embargo, cuando termina el evento aparece una pregunta menos espectacular, pero más importante para la gestión pública: ¿qué pasa con toda esa infraestructura?

La historia de los megaeventos deportivos ha dejado estadios abandonados, sedes subutilizadas, recintos costosos de mantener y obras que no siempre lograron integrarse a la vida cotidiana de las ciudades. A este tipo de infraestructura se le conoce comúnmente como elefante blanco.

El tema vuelve a cobrar relevancia en este Mundial 2026, que se juega en México, Estados Unidos y Canadá. A diferencia de otros torneos, esta edición utiliza 16 estadios ya existentes o previamente operativos. Esto reduce el riesgo de construir sedes nuevas sin demanda posterior, aunque no elimina los retos de sostenibilidad, movilidad, remodelación y legado.

Índice de contenido

Guía rápida de lectura

¿Qué es un elefante blanco?

La expresión elefante blanco se refiere a una obra, edificio o proyecto cuyo costo de construcción, operación o mantenimiento termina siendo mayor que los beneficios que genera.

En obra pública, un elefante blanco puede ser una infraestructura inconclusa, abandonada, subutilizada o demasiado cara de mantener. En política, suele asociarse con proyectos que se anuncian como grandes soluciones, pero que no resuelven el problema público que justificó su creación.

En arquitectura, el concepto se usa para describir edificios o infraestructuras que pueden ser visualmente imponentes, pero que no logran tener una función clara, sostenible o útil para la ciudad.

En términos simples: un estadio puede verse espectacular durante un Mundial, pero convertirse en una carga si después no tiene usuarios, eventos, presupuesto de mantenimiento o una estrategia realista de operación.

¿Por qué los estadios pueden convertirse en elefantes blancos?

Los estadios mundialistas y olímpicos tienen un riesgo particular: se diseñan para una demanda extraordinaria, pero temporal. Durante un torneo internacional, una sede recibe turistas, equipos, prensa, patrocinadores y miles de asistentes. Pero cuando el evento termina, la ciudad necesita responder una pregunta concreta: ¿quién va a usar ese espacio durante los siguientes años?

El problema suele aparecer por varias razones:

  • Se construyen estadios más grandes de lo que la ciudad necesita.
  • Se subestiman los costos de mantenimiento.
  • No existe un equipo local o calendario de eventos que garantice uso constante.
  • Se prioriza la imagen internacional sobre la utilidad social.
  • No hay un plan claro de reutilización después del evento.
  • La obra se justifica por el evento, pero no por la demanda real de la ciudad.

Por eso, el verdadero legado de un megaevento no se mide durante la inauguración; se mide años después, cuando se observa si sus instalaciones siguen activas, si generan beneficios y si no absorben recursos públicos de manera excesiva.

 

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México 86: el caso del Estadio Neza 86

Cuando se buscan ejemplos de estadios abandonados en México, uno de los casos más mencionados es el Estadio Neza 86, inaugurado en 1981 y utilizado como sede durante la Copa del Mundo de México 1986.

El recinto tuvo momentos importantes en la historia del futbol mexicano. Fue casa de equipos como Toros Neza y formó parte de la memoria deportiva del Estado de México. Sin embargo, con el paso del tiempo perdió actividad constante, inversión y centralidad deportiva.

Reportes recientes lo describen como un estadio deteriorado o semiabandonado, aunque también existen esfuerzos por recuperar su memoria histórica a través de exposiciones y proyectos culturales.

El caso muestra que un estadio no se convierte en elefante blanco solo por haber sido mundialista. Se convierte en problema cuando pierde uso, financiamiento y sentido dentro de la vida urbana.

Atenas 2004: cuando el legado olímpico se volvió difícil de sostener

Los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 tuvieron una enorme carga simbólica: el olimpismo moderno regresaba al país que dio origen a la tradición olímpica. Sin embargo, una década después, varias sedes olímpicas mostraban señales de abandono o uso esporádico.

Reuters documentó que muchas instalaciones que durante los Juegos estuvieron llenas de actividad quedaron abandonadas, mientras que otras se utilizaban de forma ocasional para eventos no deportivos. El caso se volvió una referencia frecuente al hablar de elefantes blancos olímpicos.

La lección de Atenas es clara: construir instalaciones no garantiza dejar legado. Para que una obra pública funcione necesita usuarios, presupuesto, mantenimiento y una estrategia de integración urbana.

Beijing 2008: entre iconos arquitectónicos y uso posterior

Beijing 2008 fue recordado por su escala, su organización y la espectacularidad de sus instalaciones. El Estadio Nacional, conocido como “Nido de Pájaro”, y el Centro Acuático Nacional, conocido como “Cubo de Agua”, se convirtieron en símbolos arquitectónicos.

Sin embargo, como ocurre con muchos recintos monumentales, el desafío posterior fue mantenerlos activos y financieramente viables. Algunos espacios lograron reconvertirse para turismo, eventos y nuevos usos; otros enfrentaron cuestionamientos sobre su costo y frecuencia de uso.

Este caso ayuda a matizar el concepto de elefante blanco: no todo estadio con bajo uso está abandonado, pero una infraestructura monumental puede volverse problemática si depende de ingresos ocasionales o subsidios para sostenerse.

Brasil 2014: estadios caros y demanda insuficiente

La Copa del Mundo de Brasil 2014 es uno de los casos más citados en el análisis de elefantes blancos en América Latina. El país utilizó 12 sedes, aunque varias ciudades no tenían una demanda futbolística suficiente para sostener estadios de gran capacidad.

Uno de los casos más señalados fue el Estadio Nacional Mané Garrincha, en Brasilia. Play the Game reportó que sus costos de construcción superaron los mil millones de reales y que sus gastos mensuales de operación eran muy elevados. El problema principal era que Brasilia no contaba con un club local de alto arrastre que justificara de manera constante un estadio de esa escala.

También se cuestionaron otros recintos ubicados en ciudades con menor actividad futbolística de primer nivel. Brasil 2014 dejó una lección clave: un estadio no se justifica por su tamaño; se justifica por su demanda real después del torneo.

Río 2016: deterioro y promesas de reutilización incompletas

Río de Janeiro recibió los Juegos Olímpicos en 2016, apenas dos años después de que Brasil organizara el Mundial de 2014. Seis meses después de la justa olímpica, medios internacionales documentaron deterioro en distintas instalaciones.

En algunos recintos se reportaron daños visibles, falta de mantenimiento y espacios con poca actividad. También hubo instalaciones que entraron en procesos de reconversión o desmontaje, por lo que no todo puede describirse como abandono absoluto.

El caso de Río muestra un punto importante: no basta con construir sedes temporales o prometer reutilización. El legado necesita responsables, presupuesto, calendario y seguimiento público.

Rusia 2018: estadios nuevos y altos costos de mantenimiento

Rusia 2018 también enfrentó cuestionamientos sobre la utilidad posterior de sus estadios. Para el torneo se construyeron nueve estadios nuevos, se renovaron tres y se desarrollaron 96 campos de entrenamiento.

El problema no terminó con la inauguración. Diversos reportes señalaron que algunos estadios requerían altos costos de mantenimiento anual. The Moscow Times citó estimaciones según las cuales cada estadio podía requerir en promedio 342 millones de rublos al año, equivalentes a unos 5.5 millones de dólares de la época.

Este caso muestra que el costo de un estadio no termina cuando se corta el listón. Después vienen seguridad, personal, energía, limpieza, mantenimiento, operación y programación de eventos. Si no hay ingresos suficientes, la carga puede trasladarse a gobiernos regionales o locales.

Qatar 2022: planes de legado difíciles de ejecutar

Qatar 2022 llevó el debate sobre elefantes blancos a otro nivel. El país construyó y adaptó infraestructura para recibir la Copa del Mundo en un territorio pequeño y con una población reducida en comparación con la capacidad total de sus estadios.

FIFA reportó que el plan de legado contemplaba retirar aproximadamente 170,000 asientos de los estadios y desmontar por completo el Estadio 974 para reensamblarlo en otro lugar. Ese estadio fue presentado como una sede innovadora, construida con contenedores y componentes reutilizables.

El diseño respondía a una pregunta importante: ¿cómo evitar una obra permanente para una necesidad temporal? Sin embargo, el caso sigue en observación porque la ejecución del desmontaje y la reutilización ha sido más lenta de lo esperado.

Qatar muestra que el discurso de legado no basta. Para evitar un elefante blanco, la reconversión debe ejecutarse con plazos, presupuesto, responsables y resultados verificables.

Mundial 2026: una estrategia distinta frente al riesgo de elefantes blancos

El Mundial 2026 parte de una decisión relevante: se juega en 16 estadios ya existentes o previamente operativos en México, Estados Unidos y Canadá. Esta estrategia reduce uno de los principales riesgos de los megaeventos: construir infraestructura permanente para una demanda temporal.

En México, los partidos se juegan en tres estadios:

  • Estadio Azteca, en Ciudad de México.
  • Estadio Akron, en Guadalajara.
  • Estadio BBVA, en Monterrey.

La remodelación del Estadio Azteca para el Mundial 2026 ha sido una de las intervenciones más observadas. No se trata de construir una sede desde cero, es sobre modernizar un estadio histórico que ya forma parte de la vida deportiva y cultural del país.

Además, AP reportó que 13 de los 16 estadios del Mundial 2026 cuentan con certificación LEED y que, en conjunto, se instalaron más de 11,500 paneles solares. Esto no elimina todos los impactos del torneo, pero sí marca una diferencia frente a modelos basados en construcción masiva de nuevas sedes.

El riesgo cambia: menos estadios nuevos, más presión logística

Aunque el Mundial 2026 reduce el riesgo de estadios abandonados, no elimina todos los desafíos. Al tratarse de un torneo expandido a 48 selecciones, 104 partidos y tres países, el impacto ambiental y logístico será considerable.

Reuters reportó que el torneo podría tener una huella climática alta por el formato expandido, la dispersión geográfica de las sedes y los traslados aéreos de aficionados, equipos y medios.

Esto significa que el riesgo ya no está solo en construir estadios que después queden vacíos. También está en la movilidad, el transporte, el consumo energético, la operación urbana y la capacidad de las ciudades para convertir el evento en beneficios duraderos.

¿Cómo evitar que una obra se convierta en elefante blanco?

Para evitar elefantes blancos en arquitectura deportiva y obra pública, no basta con prometer legado. Se necesitan decisiones concretas desde el diseño del proyecto.

Algunas estrategias son:

  • Usar infraestructura existente antes de construir nueva.
  • Diseñar ampliaciones temporales y desmontables.
  • Calcular costos de mantenimiento antes de aprobar la obra.
  • Asegurar usuarios permanentes después del evento.
  • Integrar los recintos a la vida urbana y comunitaria.
  • Publicar planes de reutilización con responsables y plazos.
  • Evaluar beneficios sociales, no solo impacto mediático.
  • Evitar que la capacidad del estadio supere la demanda real.

La planeación del legado no debe comenzar cuando termina el evento. Debe estar presente desde el diagnóstico, el presupuesto, la arquitectura, la operación y la evaluación.

El verdadero partido empieza después

Los elefantes blancos no son solo edificios vacíos. Son señales de fallas en la planeación pública, en la estimación de costos y en la forma de medir el éxito de una inversión.

Un estadio lleno durante un Mundial puede parecer una victoria. Pero la verdadera prueba llega años después: cuando se observa si sigue activo, si genera beneficios, si no absorbe recursos excesivos y si forma parte de la ciudad.

En este Mundial 2026, México, Estados Unidos y Canadá tienen una oportunidad importante: demostrar que un megaevento puede organizarse con infraestructura existente, remodelaciones estratégicas y una visión de legado más responsable.

Porque la gloria de un torneo dura unas semanas. La infraestructura, en cambio, puede quedarse por décadas.

 

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Referencias

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  1. Rocio Sánchez Morales dice:

    Excelente lectura con excelentes ejemplos de ELEFANTES BLANCOS .
    Claro está que en muchos paises el despilfarro de miles de millones de pesos son obras innecesarias y sobre todo mal ejecutadas .

  2. Carlos I. Román Castillo dice:

    Hola, no solo en los países que han sido sede de Juegos Internacionales, existen elefantes blancos, en países pequeños como Ecuador, se construyeron edificios que se supone eran para la administración pública, o para hacer deporte; y, a la primera lluvia, de invierno, el agua pasó el techo y corría por todas las oficinas, las escaleras y dañó todo; construcciones mal hechas, a alto costo, que luego fueron abandonada, y que costó mucho dinero del pueblo; así como este ejemplo, son derroches de los gobernantes en construcciones, sin planificación ni técnica, sin un plan de mantenimiento periódico; constituidos en verdaderos “Elefantes Blancos”.

  3. EL dice:

    Ejemplo Ecuador pasando por una grave crisis que le aqueja, victima de muchos factores sociales y políticos, la extrema pobreza, discriminación, desigualdad social entre otros, es por ello que a la juventud hay que saberle guiar desde sus hogares y en el aula enseñarles, ¿Qué seguir en su futuro? el decidir su carrera profesional, Una casa se estructura en base a un estudio y un proceso para la edificación para que este bien construida y no se desaprovechen los recursos por la mala construcción . Un buen aprendizaje instruye un buen estudiante formado en valores y principios etilos y morales.

  4. José Alfredo Ascencio dice:

    Excelente, no había visto esta perspectiva de grandes proyectos que solo fueron pantalla principal en su tiempo y que una vez usados dejan de tener utilidad, si nos hace falta conciencia y humildad a toda la humanidad, pensar no solo en el presente y que este planeta se hereda

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