Los megaeventos deportivos son acontecimientos de alta visibilidad que concentran recursos, atención mediática, visitantes, infraestructura y decisiones públicas en un periodo relativamente corto. Su impacto, sin embargo, no se limita a los días de competencia.
Un evento de esta magnitud puede modificar temporalmente la forma en que una ciudad se mueve, trabaja y usa sus espacios públicos. También puede acelerar obras, reforzar dispositivos de seguridad, reorganizar zonas comerciales, impulsar campañas turísticas y transformar la relación entre autoridades, habitantes, visitantes y actores privados.
Desde la gestión pública, esto exige algo más que logística. Un Mundial requiere coordinación institucional, planeación territorial, protección de grupos vulnerables, manejo ambiental, comunicación pública y mecanismos de participación. En otras palabras: no basta con que el evento funcione dentro del estadio; también importa cómo se vive fuera de él.
Guía rápida de lectura
Para analizar la organización urbana de un evento masivo, conviene partir de tres ideas.
La primera es el derecho a la ciudad, entendido como la posibilidad de que las personas, además de transitar por el espacio urbano, también participen en su vida social, económica y cultural. Este enfoque pone atención en quién puede habitar, trabajar, permanecer, disfrutar y decidir sobre la ciudad.
La segunda idea es el espacio público como infraestructura social. ONU-Hábitat ha señalado que los espacios públicos seguros, inclusivos, accesibles, verdes y de calidad son clave para la interacción social, la inclusión, el bienestar, el intercambio económico y el diálogo entre distintas personas y culturas. Esto es especialmente relevante durante eventos masivos, porque calles, plazas, estaciones, parques, banquetas y zonas comerciales se vuelven parte de la experiencia del evento.
La tercera idea es la gobernanza urbana. Una ciudad sede no se gestiona solo desde una autoridad o una institución. En ella intervienen gobiernos locales, organizadores, cuerpos de seguridad, comerciantes, residentes, operadores de transporte, empresas, visitantes y organizaciones civiles. Por eso, una gestión adecuada necesita reglas claras, canales de diálogo, mecanismos de queja, información accesible y coordinación entre actores.
Con estas tres ideas, el Mundial 2026 puede entenderse como una competencia deportiva y un ejercicio de gobierno urbano.
FIFA publicó la Estrategia de Sustentabilidad y Derechos Humanos de la Copa Mundial de la FIFA 2026™, presentada como un marco para atender responsabilidades sociales, ambientales, económicas y de gobernanza asociadas al torneo.
La estrategia se organiza en cuatro pilares:
El punto central es que la sustentabilidad no se limita al medio ambiente. También incluye condiciones de inclusión, derechos humanos, accesibilidad, empleo, legado, transparencia y coordinación institucional.
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El pilar social es especialmente importante para las ciudades sede. FIFA lo plantea en términos de un torneo seguro e inclusivo, con atención a derechos humanos, diversidad, accesibilidad y protección de grupos involucrados en el evento.
En la práctica, esto implica que la organización no debería centrarse únicamente en la experiencia de quienes compran boletos o visitan los estadios. También debe considerar a quienes trabajan en la ciudad, viven cerca de las sedes, dependen del comercio en el espacio público, usan el transporte colectivo o enfrentan mayores riesgos de exclusión.
Aquí aparece una tensión común en los megaeventos: la búsqueda de orden, imagen y eficiencia puede chocar con formas cotidianas de habitar la ciudad. Por ejemplo, el comercio informal, la situación de calle, el trabajo sexual, la protesta social o la presencia de grupos vulnerables en el espacio público suelen ser vistos como “problemas” de imagen urbana. Un enfoque de derechos humanos propone lo contrario: no expulsar la complejidad de la ciudad, sino gestionarla con reglas claras, diálogo y protección de derechos.
El pilar medioambiental de FIFA aborda temas como residuos, uso eficiente de recursos y gestión ambiental de las instalaciones del torneo. En los anexos de la estrategia se mencionan líneas como limitar residuos, fomentar la gestión circular de recursos y promover el uso eficiente del agua en instalaciones vinculadas al evento.
Para una ciudad sede, esto se traduce en preguntas muy concretas: ¿habrá suficientes puntos de hidratación?, ¿cómo se gestionarán los residuos de grandes concentraciones?, ¿qué pasará con el transporte antes y después de los partidos?, ¿cómo se reducirá la presión sobre servicios públicos?, ¿qué medidas se tomarán para evitar que la experiencia del evento aumente desigualdades ambientales?
La sustentabilidad, entonces, no puede reducirse a campañas de reciclaje o mensajes verdes. En un evento masivo, también tiene que ver con agua, movilidad, residuos, energía, ruido, limpieza, accesibilidad y capacidad institucional para responder ante una demanda extraordinaria.
El pilar económico ayuda a conectar el Mundial con una pregunta clave: ¿quién se beneficia del evento?
Los megaeventos suelen presentarse como oportunidades de derrama económica, turismo y proyección internacional. Sin embargo, esos beneficios no se distribuyen automáticamente.
Pueden concentrarse en ciertos sectores —hoteles, grandes operadores, patrocinadores o zonas turísticas— mientras otros grupos enfrentan restricciones, alzas de precios o desplazamiento de actividades.
Por eso, una gestión urbana inclusiva debe reconocer tanto a la economía formal como a la informal. El comercio local, los servicios de barrio, los vendedores ambulantes y las actividades de pequeña escala también forman parte de la vida económica de una ciudad durante un evento masivo.
Desde la perspectiva del legado, el éxito no debería medirse solo por ocupación hotelera o asistencia al estadio. También debería observarse si el evento fortalece capacidades locales, mejora servicios, deja infraestructura útil y protege los medios de vida de quienes trabajan en el espacio público.
El pilar de gobernanza de FIFA se relaciona con la implementación de la estrategia: planes de acción, sistemas de gestión, coordinación y seguimiento de compromisos [6].
Este punto es fundamental porque muchas tensiones urbanas no surgen por falta de discurso, sino por falta de mecanismos. Una ciudad puede hablar de inclusión, sustentabilidad y derechos humanos, pero si no existen responsables, protocolos, canales de queja, monitoreo y comunicación pública, esos principios pueden quedarse en el papel.
La gobernanza también implica anticiparse. No basta con reaccionar cuando aparece un conflicto por movilidad, comercio, seguridad o uso del espacio público. Una gestión responsable necesita identificar riesgos antes, abrir espacios de diálogo, publicar información clara y dar seguimiento a los impactos del evento.
El vínculo entre megaeventos y derechos humanos no es nuevo. La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha señalado que los megaeventos deportivos, como Juegos Olímpicos o Copas Mundiales, pueden ser una oportunidad para mejorar el derecho a una vivienda adecuada, pero también requieren prevenir afectaciones como desalojos o desplazamientos.
Esta advertencia es importante porque los eventos masivos pueden aumentar la presión inmobiliaria en zonas cercanas a estadios, corredores turísticos o áreas de inversión. En algunos contextos, esa presión se traduce en incremento de rentas, cambios en usos de suelo, desplazamiento de población o sustitución de economías locales.
Por eso, una agenda de derechos humanos durante el Mundial 2026 no debería mirar solo lo que ocurre dentro del estadio. También debe observar qué pasa con las viviendas, los comercios, las calles y los barrios que rodean los puntos de mayor actividad.
Una gestión urbana inclusiva durante un evento masivo tendría que responder, al menos, a cinco dimensiones.
La primera es la garantía de servicios básicos. Agua, baños, residuos, descanso, sombra, atención social e información pública son condiciones mínimas para que el espacio público sea habitable.
La segunda es la protección de actividades económicas. Esto incluye reconocer que la ciudad trabaja durante el evento y que tanto la economía formal como la informal necesitan condiciones de seguridad, claridad normativa y trato no discriminatorio.
La tercera es la prevención de exclusión y desplazamiento. Ninguna estrategia de ordenamiento debería convertirse en limpieza social, confiscación arbitraria, expulsión o restricción injustificada de derechos.
La cuarta es la participación y diálogo social. Las comunidades afectadas deben conocer las reglas, expresar preocupaciones y contar con mecanismos accesibles de queja.
La quinta es el derecho a la ciudad. La ciudad no debe funcionar solo como escenario turístico, sino como espacio de vida, trabajo, movilidad, convivencia y disfrute para quienes la habitan.
Un evento masivo obliga a la ciudad a tomar decisiones rápidas: por dónde circulará la gente, qué zonas tendrán más vigilancia, qué comercios podrán operar, cómo se prestarán los servicios y qué reglas se aplicarán en el espacio público. Cada una de esas decisiones parece logística, pero también tiene un efecto social.
Por eso, la gestión urbana del Mundial 2026 no debería evaluarse únicamente por la eficiencia del operativo o la imagen que proyecte la ciudad ante el mundo. También debería observarse por su capacidad para anticipar conflictos, reducir afectaciones y reconocer que la ciudad no se “pausa” durante el evento: sigue siendo lugar de trabajo, vivienda, tránsito, cuidado y convivencia.
La sustentabilidad y los derechos humanos no son un apartado adicional de la organización. Son una forma de preguntar quién participa, quién se beneficia, quién queda expuesto y qué capacidades quedan instaladas después. En ese sentido, el reto es cuidar que quienes la habitan no queden fuera de la experiencia urbana que el propio evento transforma, y no que la ciudad se vea bonita.
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Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México. (2026). Tu cancha de derechos: Postura CDHCM. CDHCM. https://cdhcm.org.mx/wp-content/uploads/2026/03/Postura-CDHCM.pdf
Fédération Internationale de Football Association. (2024). Estrategia de Sustentabilidad y Derechos Humanos de la Copa Mundial de la FIFA 2026™. FIFA. https://inside.fifa.com/es/tournament-organisation/world-cup-2026-sustainability-strategy/introduction
Fédération Internationale de Football Association. (2024). Descripción general de la estrategia. FIFA. https://inside.fifa.com/es/tournament-organisation/world-cup-2026-sustainability-strategy/strategy
Fédération Internationale de Football Association. (2024). Pilar social. FIFA. https://inside.fifa.com/es/tournament-organisation/world-cup-2026-sustainability-strategy/social-pillar
Fédération Internationale de Football Association. (2024). Pilar medioambiental. FIFA. https://inside.fifa.com/es/tournament-organisation/world-cup-2026-sustainability-strategy/environmental-pillar
Fédération Internationale de Football Association. (2024). Pilar de gobernanza. FIFA. https://inside.fifa.com/es/tournament-organisation/world-cup-2026-sustainability-strategy/governance-pillar
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. (s. f.). Mega-events and the right to adequate housing. OHCHR. https://www.ohchr.org/en/special-procedures/sr-housing/mega-events-and-right-adequate-housing
ONU-Hábitat. (s. f.). Claves para el espacio público. ONU-Hábitat. https://onu-habitat.org/index.php/claves-para-el-espacio-publico
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