Volver a estudiar después de los 60 años puede responder a motivos muy diferentes. Algunas personas desean concluir una carrera que dejaron pendiente; otras buscan actualizar sus conocimientos, prepararse para un nuevo proyecto o alcanzar un grado académico que siempre estuvo entre sus metas.
También hay quienes llegan a esta etapa con décadas de experiencia profesional y quieren convertir lo aprendido en una formación más especializada.
A pesar de ello, todavía existen ideas que presentan la universidad como un espacio exclusivo para jóvenes. A esos prejuicios se suman dudas relacionadas con el uso de la tecnología, la capacidad para retomar hábitos académicos o la posibilidad de combinar los estudios con otras responsabilidades.
La realidad es distinta: aprender no tiene una fecha de vencimiento. Con una modalidad accesible, acompañamiento académico y disposición para desarrollar nuevas habilidades, una persona puede iniciar o continuar su formación en diferentes etapas de la vida.
Guía rápida de lectura
No existe una sola razón para regresar a la universidad. La decisión puede estar vinculada con el trabajo, el desarrollo personal o el deseo de mantenerse activo intelectualmente.
Entre las motivaciones más frecuentes se encuentran:
Para algunas personas, estudiar representa una forma de mantenerse vinculadas con su profesión. Para otras, abre una etapa completamente nueva.
La UNESCO considera el aprendizaje a lo largo de toda la vida como una herramienta necesaria para actualizar competencias y responder a una realidad en constante transformación. Este principio reconoce que la educación comienza en la infancia, pero continúa durante todas las etapas de la vida.
Uno de los principales obstáculos para volver a estudiar no siempre es académico o económico. En ocasiones, es la idea de que existe una edad “correcta” para asistir a la universidad.
Comentarios como “ya no lo necesitas”, “serás la persona de mayor edad del grupo” o “la tecnología será demasiado complicada” pueden generar inseguridad antes de comenzar.
Estas ideas parten de una visión obtusa del envejecimiento. La experiencia profesional, la capacidad para relacionar conceptos y el conocimiento adquirido durante años también son recursos de mucha valía dentro de un proceso educativo.
Una persona adulta puede aportar a las clases:
La diversidad de edades enriquece el aprendizaje. Mientras las generaciones más jóvenes pueden compartir su familiaridad con ciertas herramientas, quienes tienen mayor trayectoria aportan contexto, experiencia y criterios desarrollados a lo largo del tiempo.
La discriminación basada en la edad puede manifestarse de forma abierta o mediante comentarios aparentemente inofensivos.
Entre los prejuicios más comunes están:
“A esa edad ya no vale la pena estudiar”
Esta idea reduce la educación a una herramienta para conseguir el primer empleo. Sin embargo, estudiar también puede servir para actualizarse, emprender, participar en nuevos proyectos, enseñar o cumplir una meta personal.
“Las personas mayores no pueden aprender tecnología”
La falta de experiencia con una plataforma no equivale a una incapacidad para utilizarla. Las herramientas digitales se aprenden mediante práctica, instrucciones claras y acompañamiento.
“Será difícil convivir con estudiantes jóvenes”
La diferencia de edad no impide colaborar. Los grupos intergeneracionales son útiles para intercambiar conocimientos, experiencias y formas distintas de resolver problemas.
“Una persona jubilada ya no necesita prepararse”
La jubilación laboral no conlleva retirarse del aprendizaje, de la participación social o de los proyectos personales. Muchas personas continúan trabajando, asesorando, emprendiendo o colaborando con su comunidad.
La UNESCO advierte que las habilidades digitales limitadas, la tecnología poco accesible y los estereotipos relacionados con la edad pueden excluir a las personas mayores de oportunidades para aprender, comunicarse y participar activamente en la sociedad.
Por ello, una educación verdaderamente accesible debe eliminar barreras y reconocer a las personas mayores como estudiantes capaces de aportar y desarrollar nuevas competencias.
La brecha tecnológica no consiste únicamente en tener o no tener internet. También incluye la diferencia entre contar con un dispositivo y saber utilizarlo con autonomía.
Una persona puede tener un teléfono inteligente y, al mismo tiempo, enfrentar dificultades para:
La digitalización de trámites, servicios, trabajos y procesos educativos ha hecho que estas habilidades sean cada vez más importantes.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, el 86.1 % de las personas de seis años o más utilizó internet en México. Sin embargo, la edad continúa marcando diferencias: entre la población de
75 años o más, el porcentaje fue de 30 %, aunque representa un avance considerable frente al 3 % registrado una década antes.
Estos datos muestran dos realidades. La primera es que todavía existe una brecha importante. La segunda es que cada vez más personas mayores se incorporan al uso de internet.
Una universidad en línea requiere utilizar herramientas digitales, pero no es necesario dominarlas todas antes de inscribirse.
El proceso puede comenzar con actividades básicas:
La práctica constante suele ser más efectiva que intentar aprender todas las funciones en un solo día.
También ayuda mantener una libreta con contraseñas, instrucciones y rutas de acceso, siempre resguardada en un lugar seguro. Otra opción es crear una carpeta digital para cada materia y nombrar los archivos de manera clara.
La UNESCO ha documentado que, con entornos tecnológicos adecuados, diseño pedagógico incluyente y apoyo institucional, las personas mayores pueden participar de manera significativa en el aprendizaje digital.

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Los requisitos específicos dependen de la institución y del programa, pero normalmente se necesita:
La computadora suele ser más cómoda que el teléfono para leer documentos extensos, elaborar actividades y consultar varias fuentes. No obstante, un celular puede ser útil para revisar avisos, reproducir materiales o mantener comunicación.
Antes de inscribirte, conviene preguntar qué programas informáticos se utilizarán y si la universidad ofrece orientación para ingresar a su plataforma.
Volver a estudiar después de varios años puede requerir un periodo de adaptación. Esto ocurre porque se deben recuperar hábitos como leer con un propósito académico, tomar notas, investigar y entregar actividades en fechas determinadas.
La dificultad inicial no significa que la persona haya perdido la capacidad de aprender.
Cada etapa ofrece ventajas distintas. Quien retoma sus estudios puede tener más claridad sobre sus objetivos, mayor experiencia para organizar responsabilidades y una comprensión práctica de muchos temas.
En lugar de comparar el ritmo propio con el de otros estudiantes, resulta más útil:
La constancia suele tener más peso que la velocidad.
La educación después de los 60 años puede generar beneficios profesionales, personales y sociales.
Muchas áreas cambian con rapidez. Las políticas públicas, el derecho, la administración, la tecnología y la educación incorporan nuevas herramientas, regulaciones y enfoques.
Volver a la universidad permite revisar lo aprendido y comprender los cambios recientes.
Estudiar en línea impulsa el uso de plataformas, videoconferencias, bibliotecas digitales y herramientas para elaborar documentos o presentaciones.
Estas habilidades también pueden utilizarse en trámites, comunicación, trabajo y actividades cotidianas.
Obtener un título o un grado académico puede representar la conclusión de un proyecto aplazado por razones laborales, económicas o familiares.
La formación facilita el intercambio de ideas, el contacto con otras personas y la participación en proyectos académicos o comunitarios.
Un programa universitario puede ayudar a ordenar, actualizar y complementar conocimientos construidos durante años de trabajo.
La UNESCO señala que el aprendizaje a lo largo de la vida puede favorecer la autonomía, la participación activa y la calidad de vida de las personas mayores. Sus estudios recientes también muestran que la actualización y el desarrollo de competencias pueden ser transformadores cuando existen políticas, instituciones y métodos de enseñanza adecuados.
Estudiar con personas más jóvenes puede causar inquietud al principio, pero también crea oportunidades de aprendizaje mutuo.
Una persona con experiencia laboral puede explicar cómo se aplican ciertos conceptos en contextos reales. Un compañero más familiarizado con la tecnología puede compartir atajos para utilizar una herramienta.
Este intercambio ayuda a:
La diferencia de edad no debe convertirse en una jerarquía. Cada estudiante llega con conocimientos, dudas y capacidades distintas.
La accesibilidad no depende únicamente de que las clases se impartan por internet. También implica que la experiencia sea clara, flexible y compatible con las necesidades del estudiante.
Antes de elegir una institución, revisa:
Confirma que el programa cuente con el reconocimiento correspondiente y consulta los datos específicos del plan académico.
Pregunta cómo se organizan los contenidos, dónde se entregan las actividades y qué orientación recibirás para comenzar.
Verifica si existen canales para resolver dudas académicas, administrativas y tecnológicas.
Conoce los horarios, las fechas de entrega y el tiempo estimado que deberás dedicar cada semana.
Revisa que las materias correspondan con tus objetivos profesionales o personales.
Solicita información sobre inscripción, colegiaturas, becas, trámites y titulación.
Comprueba si tendrás acceso a bibliotecas, materiales, sesiones y herramientas que faciliten el aprendizaje.
Una universidad accesible no disminuye la exigencia académica. Elimina obstáculos innecesarios para que el estudiante pueda concentrarse en aprender.
La respuesta depende de los estudios que ya hayas concluido y del objetivo que quieras alcanzar.
Es una alternativa para quienes terminaron el bachillerato y desean iniciar una carrera o retomar una formación universitaria pendiente.
Está dirigida a personas con licenciatura que buscan profundizar en un campo, actualizarse o desarrollar competencias especializadas.
Puede ser adecuado para quienes desean avanzar en investigación, docencia, consultoría o análisis especializado y cumplen con los requisitos académicos correspondientes.
La elección no debe basarse únicamente en el grado más alto disponible. El programa adecuado es aquel que se relaciona con tus intereses, trayectoria y proyectos.
No necesitas cambiar toda tu rutina de inmediato. Algunas acciones sencillas facilitan la adaptación:
También conviene aceptar que habrá dudas. Pedir apoyo no reduce la autonomía; sirve para desarrollar nuevas habilidades con mayor seguridad.
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Sí. La edad no impide cursar una licenciatura, siempre que se cumplan los requisitos académicos y administrativos establecidos por la institución.
No necesitas dominar herramientas avanzadas antes de comenzar. Sí es recomendable contar con conocimientos básicos o disposición para aprender a utilizar la plataforma y los programas requeridos.
Sí. La jubilación no limita el acceso a una carrera o posgrado. Muchas personas estudian por actualización, desarrollo personal, investigación, docencia o emprendimiento.
Puede serlo cuando ofrece una plataforma clara, acompañamiento y flexibilidad. Antes de inscribirte, solicita una explicación del funcionamiento del programa.
La convivencia intergeneracional puede enriquecer el aprendizaje. Las distintas edades aportan experiencias, capacidades y perspectivas complementarias.
Utiliza los canales de soporte, solicita orientación y anota cada procedimiento. Con la práctica, las acciones que al principio parecen complejas suelen volverse rutinarias.
Cumplir 50, 60 o 70 años no cancela el deseo de aprender. Tampoco borra las metas que quedaron pendientes ni impide comenzar otras nuevas.
La experiencia acumulada puede convertirse en una fortaleza académica. La tecnología, por su parte, es una herramienta que puede aprenderse paso a paso cuando existen instrucciones claras y apoyo.
Estudiar después de los 60 años no significa intentar volver a una etapa anterior. Significa utilizar el presente para construir un nuevo proyecto.
En IEXE Universidad puedes encontrar programas de licenciatura, maestría y doctorado 100 % en línea, pensados para quienes necesitan combinar su formación con el trabajo, la familia y otros proyectos personales.
La modalidad en línea es útil para estudiar desde cualquier lugar, organizar las actividades académicas y desarrollar gradualmente las competencias digitales necesarias para avanzar.
Además, puedes solicitar orientación sobre la oferta educativa, los requisitos de ingreso y las becas disponibles para elegir un programa acorde con tu trayectoria y tus metas.
Tu experiencia ya te ha llevado muy lejos. La educación puede ayudarte a decidir cuál será el siguiente paso. 👉 Si te interesa saber más sobre la oferta académica de IEXE Universidad, comunícate a este WhatsApp.
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