icono de calendario09/08/2022 4 min de lectura

La disciplina de no rendirse nunca

Ruy Renau Tiempo de lectura: 4 minutos

De ser un mal estudiante de pequeño a convertirse en un referente de inteligencia artificial y robótica, el Dr. Christian aún recuerda con cariño el primer suceso que marcaría su vida: el robot que le regaló su hermana a los 13 años fue una manera de despertar su interés en la robótica desde temprana edad.

Durante la preparatoria, Christian Peñaloza cruzaba diariamente la frontera con Estados Unidos para estudiar, pasando toda su juventud entre su casa en Tijuana y San Diego, donde se encontraba su escuela.

El neurocientífico recuerda hacer fila cada mañana desde las seis para llegar a tiempo a sus clases en una escuela secundaria en Estados Unidos. Su mochila generalmente era registrada como parte del control de migración en la frontera.

Cada vez que le parecía difícil esa rutina, solía recordar la frase que su hermana mayor solía repetirle: “Tijuana es una oportunidad de empezar de cero, tenemos que echarle muchas ganas a la escuela”.

Como mencionó en una entrevista para el universal no era precisamente el mejor estudiante de la clase. Aunque era bueno en materias técnicas como matemáticas o física, su principal problema era el inglés.

 

Sin embargo, sus orígenes fueron su motivación para seguir adelante. 

Su abuelo, un campesino de Tultepec, decidió migrar a Estados Unidos como indocumentado y así, el sueño de su padre era proveerle la mejor educación, misma que sería en los Estados Unidos.

Independientemente de que no tuvo suerte con el examen de inglés, el maestro le dio una segunda oportunidad, por lo que pudo estudiar una ingeniería relacionada con computación en la universidad de San Diego.

Tras titularse, el camino tampoco le fue precisamente sencillo, ya que muchos de los proyectos del tijuanense fueron rechazados por CONACYT bajo el argumento de no tener una proyección suficiente para alcanzar el financiamiento.

Pero si la frontera, la dificultad que tenía con el idioma, o los viajes diarios no lo habían detenido: esto tampoco.

Gracias a prácticas profesionales que realizaba para una empresa alemana tuvo la oportunidad de viajar a Japón, y tiempo después, pudo estudiar una maestría en robótica e inteligencia artificial en la universidad de Osaka. 

Fue gracias a la ayuda de sus padres y un trabajo de mesero que pudo costearla. Como mencionó en una entrevista, fue un reto difícil dado la falta de comunicación en los primeros años.

En el país nipón recibió apoyo para costear sus primeros prototipos en inteligencia artificial. Uno de los cuales, permitía recabar bases de imágenes sobre una palabra y auto entrenarse a sí misma.

 

Tiempo después, ya como investigador y contando con cierto renombre que respaldara sus proyectos, Christian pudo combinar sus conocimientos en robótica, computación y neurociencias para desarrollar algo que parece increíble: una interfaz que traduce señales cerebrales en acciones físicas, como mover un brazo robótico externo, y que tiene como posibilidad ayudar a pacientes de enfermedades neurodegenerativas.

Además, durante su desarrollo pudo encontrar que al mover el brazo robótico externo, generaba agotamiento mental a los pacientes que utilizaban esta tecnología, por lo que para resolver dicho problema, diseñó también, un sistema que memoriza las antiguas órdenes para que los pacientes no tengan que repetirlas. Por lo que, gracias a la inteligencia artificial y al sistema de aprendizaje automático, su invención aprende automáticamente de sus errores y de los estados cognitivos de los pacientes. 

Este complejo sistema se desarrolla por medio de una gorra con sensores que detectan e interpretan las señales cerebrales, el cual está conectado a una computadora que ejecuta los aparatos que van a ser controlados por el paciente. Lo cual significa que las personas con algunos tipos de parálisis, puedan hacer tareas sencillas como encender la luz, o conectar la calefacción solo con la mente, lo cual proyecta que a largo plazo el uso de extensiones como brazos robóticos sea completamente funcional . 

Christian fue ganador del “Premio Innovadores Menores de 35” en 2016.

Su perseverancia y arduo trabajo, son testimonio y testigos de la difícil labor que un mexicano tiene para desarrollarse en estas áreas de innovación y tecnología, pero sin duda, también es un ejemplo de que la perseverancia de los mexicanos sobrepasa las dificultades inherentes a nuestro país de origen.

 

Chrisitian Peñaloza será conferencista dentro del evento EmFuTech Japón 2022 por lo que te invitamos a no perderte de este evento donde podrás obtener un descuento especial al registrarte aquí: https://forms.gle/8c1RWD8KGHtXnE2r9

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Un comentario

  1. Araceli garcia. dice:

    Efectivamente tener una disciplina nos llevará muy alto. Y más tener una motivación con el cual yo sigo adelante y ese motivación es mi madre. Que ya ahora no será aquí. Pero sigue siendo mi motivación. Y siempre aferrarse alo imposible hasta lograr nuestras metas. Aquí no se conocen las palabras no puedo.. No se.. Es aferrarse y lograr nuestros objetivos.. Y tener mucha seguridad. En nuestros proyectos cual sea. Siempre ser el mejor.

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