A muchas personas no las despertó el movimiento, sino el sonido. Eran poco antes de las ocho de la mañana del 2 de enero, cuando miles de celulares comenzaron a emitir una alarma extraña, distinta a cualquier notificación habitual. No era el tono de un mensaje, tampoco el de una llamada. Para algunos fue desconcertante; para otros, directamente alarmante. Hubo quien pensó que era una falla del teléfono, quien creyó que había activado una app por error, y quien tardó unos segundos en entender que aquello era una alerta sísmica.
Instantes después, el suelo comenzó a moverse.
Ese sonido poco familiar fue, en realidad, parte de un sistema de alertamiento masivo que México ha venido implementando en los últimos años y que ese día se activó de manera real para millones de personas.
La mañana del 2 de enero de 2026 se registró un sismo de magnitud 6.5 con epicentro en Guerrero, que se sintió en varios estados del país, incluida la Ciudad de México. En paralelo al movimiento, se activó una alerta sísmica enviada directamente a teléfonos celulares, segundos antes de que se percibiera con mayor intensidad.
Para muchas personas, fue la primera vez que escucharon esta alarma en su celular, lo que explica la sorpresa, la confusión inicial y las preguntas que surgieron después.
No se trató de un mensaje común ni de una aplicación descargada por el usuario. La alarma que sonó forma parte del Sistema de Alertamiento Masivo, que utiliza una tecnología llamada Cell Broadcast.
Este sistema posibilita enviar mensajes de emergencia de forma simultánea a todos los teléfonos móviles conectados a una red celular en una zona específica, sin necesidad de internet, saldo o datos móviles. La alerta aparece y suena incluso si el celular está bloqueado o en modo silencio, precisamente porque su objetivo es interrumpir cualquier actividad para advertir de un riesgo inmediato.
La alerta sísmica en teléfonos móviles es resultado de un esfuerzo coordinado entre:
Este sistema complementa al Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), que durante décadas ha funcionado mediante sensores sísmicos y altavoces públicos en ciudades como la CDMX. La diferencia es que ahora la advertencia llega directamente al dispositivo personal de cada usuario, ampliando significativamente su alcance.
El sistema se activa cuando sensores sísmicos detectan las ondas iniciales de un temblor fuerte. Estas ondas viajan más rápido que las ondas que causan el movimiento intenso, lo que permite enviar una alerta con segundos de anticipación a las zonas que podrían verse afectadas.
Esos segundos, aunque parezcan pocos, son cruciales: detienen actividades de riesgo, ayudan a alejarse de ventanas, resguardarse o evacuar de forma preventiva.
Aunque la alerta llegó a la mayoría de los dispositivos, no todas las personas la recibieron, y esto se debió a diversos factores:
Esto abrió una conversación importante en redes sociales sobre la necesidad de revisar la configuración de los celulares y familiarizarse con estos sistemas, especialmente en un país con alta actividad sísmica.
Las redes sociales se llenaron de reacciones casi inmediatas. Muchas personas compartieron que la alarma les dio tiempo de anticipar; otras expresaron que el sonido les pareció “extraño” o “desconocido”. Hubo memes, preguntas y también agradecimientos.
Más allá de las reacciones, el evento dejó algo claro: el sistema funcionó, pero también evidenció que todavía falta difusión y pedagogía sobre cómo operan estas alertas y qué hacer cuando se activan.
La alarma sísmica que sorprendió a miles de personas el 2 de enero no fue una falla ni un error. Fue la señal de que los sistemas de prevención están evolucionando. La sorpresa inicial es comprensible, pero también es una invitación a informarnos, a familiarizarnos con estas herramientas y a asumir que la prevención empieza, muchas veces, con un sonido que no reconocemos… hasta que aprendemos a escucharlo.
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