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Retos de la FIFA en materia de derechos humanos: el otro partido que no puede perder

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Por Expost

Redactor en EXPOST

icono de calendario21/05/2026 1 min de lectura
Retos de la FIFA en materia de derechos humanos el otro partido que no puede perder
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El futbol suele contarse con goles, camisetas, estadios llenos y celebraciones que duran una vida. Sin embargo, detrás de cada Mundial también hay otro marcador, menos visible, pero cada vez más importante: el de los derechos humanos. En esa cancha no bastan los discursos. Importan las condiciones laborales de quienes levantan la infraestructura, la seguridad de quienes asisten a los partidos, la libertad para expresarse, la protección de comunidades vulnerables y la capacidad de reparar daños cuando algo sale mal.

La FIFA ya no puede mirar este tema desde la tribuna. Su propia política institucional reconoce el compromiso de respetar los derechos humanos internacionalmente reconocidos y de actuar conforme a los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos (FIFA, 2017). La pregunta, entonces, no es si la FIFA debe involucrarse. La pregunta de fondo es si puede convertir sus compromisos en garantías reales.

El estadio es una vitrina, pero también una lupa. Todo lo que ocurre alrededor de un Mundial se amplifica: los aciertos, las omisiones y las contradicciones. Por eso, los próximos torneos representan una prueba decisiva para el organismo rector del futbol. La FIFA tiene una brújula; el reto es demostrar que sabe usarla cuando el partido se vuelve incómodo.

FIFA y derechos humanos: de la promesa al cumplimiento

El compromiso formal de la FIFA con los derechos humanos se consolidó en 2017, cuando publicó su política en la materia. En ella reconoce que sus competencias y actividades generan empleo, inversión en infraestructura y vínculos sociales, pero también admite que ese impacto trae responsabilidades. La política establece expectativas para sus órganos internos, empleados, asociaciones, proveedores, afiliados comerciales y entidades relacionadas con eventos organizados bajo su nombre (FIFA, 2017).

Este punto es fundamental: los mundiales no son solo partidos. Son proyectos globales que involucran gobiernos, ciudades sede, constructoras, cadenas de suministro, patrocinadores, fuerzas de seguridad, medios, voluntarios y millones de aficionados. En una maquinaria de ese tamaño, los riesgos no aparecen al final del torneo; empiezan desde la elección de la sede, la planeación, las contrataciones y la forma en que se reparten responsabilidades.

Ahí surge el primer gran reto: pasar de la responsabilidad declarada a la responsabilidad verificable. En derechos humanos, prometer es apenas el saque inicial. Lo verdaderamente relevante es prevenir riesgos, corregir fallas y abrir vías de reparación cuando una persona o comunidad resulta afectada.

Qatar 2022: una lección que sigue abierta

El Mundial de Qatar 2022 marcó un antes y un después en la conversación pública sobre futbol y derechos humanos. Las condiciones de trabajadores migrantes, las reformas laborales, la libertad de expresión y los derechos de las personas LGBTI pusieron a la FIFA bajo una presión inédita. La Organización Internacional del Trabajo ha reconocido avances en Qatar, como mejoras para cientos de miles de trabajadores, pero también ha señalado que se requieren esfuerzos adicionales para que esos cambios lleguen a todos los trabajadores (OIT, s. f.).

El caso dejó una lección incómoda: no basta con que el país anfitrión apruebe reformas o anuncie compromisos. La verdadera medida está en la implementación, la vigilancia independiente y el acceso efectivo a justicia. Una norma puede verse impecable en papel y, aun así, quedarse corta en la vida cotidiana de quien trabaja largas jornadas, enfrenta abusos de contratación o no logra reclamar salarios pendientes.

Qatar también abrió un debate sobre la reparación. Diversas organizaciones han pedido que la FIFA adopte medidas más claras para compensar a trabajadores afectados en el proceso de preparación del torneo. Ese punto toca el corazón del problema: cuando el Mundial se va, las luces se apagan, pero las consecuencias pueden quedarse. Un legado debería medirse también en vidas protegidas y no únicamente en estadios.

Mundial 2026: una fiesta más grande, riesgos más diversos

El Mundial de 2026 tendrá una escala inédita: cuarenta y ocho selecciones, ciento cuatro partidos y dieciséis ciudades sede en Canadá, México y Estados Unidos (FWC26, 2024). Esa expansión vuelve más complejo el reto. Cada ciudad tendrá su propia realidad social, normativa, laboral, migratoria y de seguridad. En otras palabras, la FIFA no organizará un solo torneo; coordinará un mosaico de contextos.

El Marco de Derechos Humanos del Mundial 2026 identifica tres áreas centrales: inclusión y salvaguarda, derechos laborales y acceso a reparación. También contempla temas como no discriminación, libertad de expresión, protección a periodistas, seguridad pública, privacidad, uso de datos, vigilancia, inteligencia artificial, accesibilidad, población en situación de calle, impactos ambientales y derechos de trabajadores migrantes (FWC26, 2024).

El reto será convertir ese marco en planes locales claros, medibles y transparentes. Las ciudades sede deberán demostrar que el entusiasmo deportivo no desplaza a las comunidades más vulnerables, que la seguridad no se convierte en abuso, que la tecnología no invade la privacidad y que la inclusión no se queda en una campaña de colores durante el mes del torneo.

Derechos laborales: quienes sostienen el espectáculo

Cada Mundial se sostiene sobre miles de manos que rara vez aparecen en la fotografía oficial: personas que construyen, limpian, transportan, sirven alimentos, montan escenarios, venden productos, coordinan accesos y mantienen funcionando la ciudad. Sin ellas, el balón no llega al centro del campo.

Por eso, uno de los mayores desafíos de la FIFA es garantizar condiciones de trabajo justas en toda la cadena del torneo. El marco de 2026 incluye salarios justos, lugares de trabajo seguros y saludables, prohibición del trabajo infantil, protección contra el trabajo forzoso, derechos de trabajadores migrantes, contratación responsable y mecanismos de denuncia (FWC26, 2024).

La dificultad está en la trazabilidad. Los abusos laborales suelen esconderse en subcontrataciones, proveedores secundarios, reclutadores y servicios temporales. La FIFA necesita mecanismos que permitan seguir la ruta completa del trabajo, desde el contrato principal hasta la última empresa que participa en la entrega de un servicio. En derechos laborales, lo que no se ve también cuenta.

Inclusión y no discriminación: un estadio también puede excluir

El futbol presume ser universal, pero la experiencia de vivirlo no siempre lo es. Una persona puede comprar un boleto y aun así enfrentar barreras por su discapacidad, su origen, su idioma, su identidad, su orientación sexual, su condición migratoria o su situación económica. Un estadio lleno no es a fuerza un estadio incluyente.

La FIFA reconoce la no discriminación como un eje central de sus políticas y del Mundial 2026. El desafío consiste en pasar de campañas simbólicas a protocolos concretos: accesos físicos adecuados, información en formatos accesibles, atención en distintos idiomas, capacitación a personal de seguridad, mecanismos contra discursos de odio y respuestas rápidas ante incidentes discriminatorios.

Aquí la metáfora es sencilla: abrir las puertas del estadio no significa abrir la experiencia. La inclusión se juega en los detalles. Se juega en la señalética, en la atención, en la protección de quienes están en riesgo y en la capacidad de actuar cuando un derecho se vulnera en medio de la multitud.

Seguridad, protesta y privacidad: el equilibrio más delicado

Los grandes eventos requieren seguridad, pero la seguridad no puede convertirse en una tarjeta roja contra las libertades. En el Mundial 2026, el marco de derechos humanos contempla protocolos compatibles con la dignidad humana, manejo de multitudes, uso proporcional de la fuerza, protección de periodistas y respeto a la libertad de expresión y reunión pacífica (FWC26, 2024).

Este punto será especialmente sensible porque los mundiales concentran protestas, activismo, cobertura mediática y tensiones políticas. La FIFA deberá evitar que las reglas sobre mensajes, pancartas, expresiones de jugadores o manifestaciones de aficionados se apliquen de manera desproporcionada. La neutralidad deportiva no puede ser pretexto para borrar reclamos legítimos.

A ello se suma otro reto moderno: la privacidad. El uso de videovigilancia, datos personales, sistemas de control de acceso e inteligencia artificial puede ayudar a gestionar multitudes, pero también puede abrir la puerta a vigilancia excesiva o discriminatoria. En eventos masivos, la tecnología debe ser una herramienta de protección, no un árbitro invisible sin rendición de cuentas.

Ciudades sede: cuando la fiesta toca la vida cotidiana

Un Mundial transforma temporalmente la vida urbana. Cambian los flujos de transporte, suben los precios, se saturan servicios, se reordenan zonas comerciales y se multiplican los alojamientos de corta estancia. Para algunos sectores, eso representa oportunidad. Para otros, puede significar presión, desplazamiento o mayor vulnerabilidad.

El marco de 2026 reconoce posibles impactos en vivienda, medios de vida, población en situación de calle y residentes de bajos ingresos (FWC26, 2024). Este reconocimiento es valioso porque muestra que los derechos humanos no viven únicamente dentro del estadio. También están en la calle que se cierra, en la renta que sube, en la persona que es removida de un espacio público o en el comerciante que pierde ingresos por una zona restringida.

La ciudad anfitriona no debe convertirse en escenografía. Detrás de la postal turística hay habitantes con rutinas, necesidades y derechos. Si el Mundial quiere dejar legado, debe mejorar capacidades locales sin convertir a las comunidades en daño colateral.

Calor extremo y ambiente: el cuerpo también entra al partido

El cambio climático ya forma parte de la agenda deportiva. Para 2026, jugadores, especialistas y organizaciones han pedido reforzar los protocolos de calor extremo. Associated Press reportó preocupaciones por condiciones de alta temperatura en varias ciudades sede y señaló que la FIFA ha creado un grupo de trabajo sobre mitigación y manejo de enfermedades por calor, además de medidas como pausas de hidratación y bancas climatizadas (Associated Press, 2026).

Este tema suele presentarse como ambiental, pero también es un asunto de derechos humanos. La salud de jugadores, trabajadores, voluntarios, periodistas y aficionados puede verse afectada por horarios, traslados, exposición prolongada al sol, falta de sombra o hidratación insuficiente. La pelota puede resistir el calor; los cuerpos tienen límites.

La FIFA enfrenta aquí una decisión de fondo: adaptar el espectáculo a las condiciones de protección o forzar a las personas a adaptarse al espectáculo. La respuesta marcará el tipo de organismo que quiere ser en una época donde clima, salud y deporte ya no pueden separarse.

Arabia Saudita 2034: la credibilidad en juego

La designación de Arabia Saudita como sede del Mundial 2034 volvió a colocar a la FIFA en el centro de las críticas. FIFA informó que sus asociaciones miembro seleccionaron a Arabia Saudita para organizar el torneo en un Congreso Extraordinario, como parte de un proceso iniciado en 2023 (FIFA, 2024). Sin embargo, organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han advertido riesgos relacionados con derechos laborales, trabajadores migrantes, libertad de expresión, derechos de mujeres, personas LGBTI y residentes afectados por megaproyectos (Amnistía Internacional, 2024; Human Rights Watch, 2024).

Este caso toca una pregunta inevitable: ¿puede la FIFA exigir altos estándares de derechos humanos después de otorgar la sede o necesita hacerlo antes de tomar la decisión? Si la evaluación de riesgos llega tarde, el margen de presión disminuye. Si las garantías no son vinculantes, los compromisos pueden convertirse en promesas decorativas.

La elección de sedes es uno de los momentos más poderosos de la FIFA. Ahí se decide dónde irá el torneo, pero también qué condiciones se aceptan como punto de partida. En ese sentido, el Mundial 2034 será una prueba de credibilidad. La FIFA tendrá que mostrar que sus estándares no dependen de la comodidad política ni del tamaño del mercado.

Los retos que debe atender FIFA

Retos de Derechos Humanos y Sostenibilidad

Matriz de análisis e impacto

Reto Por qué importa Pregunta clave
Derechos laborales El torneo depende de trabajadores directos, subcontratados, migrantes y temporales. ¿La cadena completa de proveedores puede ser vigilada y auditada?
No discriminación El Mundial reúne a personas de distintos orígenes, identidades y condiciones. ¿Todos los aficionados pueden vivir una experiencia segura e incluyente?
Libertad de expresión Jugadores, periodistas, activistas y aficionados pueden expresar preocupaciones legítimas. ¿Las reglas del torneo protegen la protesta pacífica y la prensa?
Seguridad y privacidad La gestión de multitudes requiere protocolos, datos y tecnología. ¿La seguridad se aplica sin abuso, vigilancia excesiva ni discriminación?
Vivienda y ciudad Los eventos masivos pueden presionar rentas, movilidad y espacios públicos. ¿El torneo protege a residentes, comercios locales y población vulnerable?
Clima y salud El calor extremo puede afectar a jugadores, trabajadores y aficionados. ¿Los horarios y protocolos priorizan la salud antes que el espectáculo?
Reparación Cuando hay daños, las personas necesitan mecanismos efectivos para reclamar. ¿Existen vías claras, accesibles y confiables para obtener reparación?

El futbol que también debe rendir cuentas

La FIFA gobierna el deporte más popular del mundo. Esa posición le da poder, visibilidad e ingresos, pero también una responsabilidad proporcional. Los derechos humanos no son un accesorio del Mundial ni una cláusula para cumplir expedientes. Son la línea que separa una celebración legítima de un espectáculo construido sobre silencios.

El mayor reto de la FIFA no será escribir nuevas políticas; será hacer que las existentes funcionen cuando se enfrenten a contratos, gobiernos, intereses económicos y presiones comerciales. En ese partido no hay tiempo extra infinito. Cada sede elegida, cada ciudad anfitriona, cada trabajador contratado y cada aficionado protegido o ignorado suma al marcador.

El futbol puede unir, emocionar y abrir conversaciones globales. También puede ocultar desigualdades si nadie mira detrás de las luces. Por eso, el otro partido que la FIFA no puede perder se juega lejos del área chica: se juega en la dignidad de las personas que hacen posible el espectáculo.

Preguntas frecuentes

¿Qué relación tiene la FIFA con los derechos humanos?
La FIFA reconoce en su política institucional que debe respetar los derechos humanos internacionalmente reconocidos y actuar conforme a los Principios Rectores de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos.

¿Cuáles son los principales retos de la FIFA en derechos humanos?
Entre los principales retos están los derechos laborales, la protección de trabajadores migrantes, la no discriminación, la libertad de expresión, la seguridad pública, la privacidad, la vivienda, el impacto ambiental y los mecanismos de reparación.

¿Por qué Qatar 2022 fue importante para este debate?
Porque puso en el centro de la conversación internacional las condiciones laborales de trabajadores migrantes, la reparación de posibles abusos y la responsabilidad de FIFA frente a los impactos de sus torneos.

¿Qué desafíos tendrá el Mundial 2026?
El Mundial 2026 tendrá una escala mayor, con cuarenta y ocho selecciones, ciento cuatro partidos y dieciséis ciudades sede. Esto aumenta la necesidad de planes locales de derechos humanos, inclusión, seguridad, protección laboral y acceso a reparación.

¿Por qué Arabia Saudita 2034 genera preocupación?
Porque organizaciones de derechos humanos han advertido riesgos relacionados con trabajadores migrantes, libertad de expresión, derechos de mujeres, personas LGBTI y comunidades afectadas por megaproyectos.

“El estadio es una vitrina, pero también una lupa: todo lo que ocurre alrededor de un Mundial se amplifica.”

Referencias

Amnistía Internacional. (2024, 5 de junio). Playing a Dangerous Game? Human Rights Risks Linked to the 2030 and 2034 FIFA World Cups. https://www.amnesty.org/en/documents/act30/8071/2024/en/
Associated Press. (2026, 20 de mayo). World Cup-bound Norway player backs calls for improved heat protocols from FIFA. https://apnews.com/article/1a5252346f1f7981c6bf189b7231fcbf
FIFA. (2017). FIFA’s Human Rights Policy. https://media.business-humanrights.org/media/documents/files/documents/FIFAs_Human_Rights_Policy_0.pdf
FIFA. (2024). FIFA World Cup 2034. https://inside.fifa.com/tournament-organisation/world-cup-2034
FWC26. (2024). FWC26 Human Rights Framework: A shared platform for positive impact. https://www.sporthumanrights.org/media/oq5n0wgz/fwc26-human-rights-framework_final_en_24-july-2024_updates_clean.pdf
Human Rights Watch. (2024, 8 de noviembre). Saudi Arabia: 2034 World Cup Risks Widespread Labor Abuse. https://www.hrw.org/news/2024/11/08/saudi-arabia-2034-world-cup-risks-widespread-labor-abuse
Organización Internacional del Trabajo. (s. f.). What has changed for migrant workers in Qatar? https://webapps.ilo.org/infostories/en-GB/Stories/Country-Focus/world-cup-qatar.html

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