La inteligencia artificial en la educación: avances, límites y desafíos

La inteligencia artificial en la educación: avances, límites y desafíos actuales

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Por Expost

Redactor en EXPOST

icono de calendario14/01/2026 9 min de lectura
La inteligencia artificial en la educación avances límites y desafíos actuales
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  • Cómo se está utilizando la inteligencia artificial en la educación en América Latina, a partir de los datos más recientes de TALIS 2024, y qué tan avanzada está la región frente al promedio de la OCDE.
  • Por qué la formación docente en inteligencia artificial es clave para transformar la enseñanza, y cuáles son las principales brechas entre adopción tecnológica, capacitación y uso pedagógico significativo.
  • Cuáles son los límites, riesgos y desafíos de integrar la IA en las escuelas, incluyendo infraestructura, regulación, inclusión educativa y efectos en el trabajo docente.

Al final de la jornada escolar, cuando el aula queda vacía y el ruido se apaga, muchos docentes continúan trabajando. Revisan materiales, ajustan actividades, planean la siguiente clase o exploran nuevas formas de explicar un tema complejo. Cada vez con más frecuencia, lo hacen con una herramienta de inteligencia artificial (IA): un generador de resúmenes, un asistente para estructurar actividades o un apoyo para redactar mejor un contenido educativo.

Esta escena, que hasta hace poco parecía lejana o futurista, ya forma parte de la realidad cotidiana en muchas escuelas de América Latina. La inteligencia artificial no está esperando a que los sistemas educativos la regulen por completo; ya está siendo utilizada por los docentes, muchas veces de manera informal, exploratoria y sin una estrategia institucional clara.

De acuerdo con los resultados de TALIS 2024, la encuesta internacional de la OCDE sobre enseñanza y aprendizaje, uno de cada dos docentes en Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica utilizó inteligencia artificial durante el último año para apoyar su práctica docente o facilitar el aprendizaje de sus estudiantes. Este dato supera los promedios de TALIS y de la OCDE, lo que coloca a la región en una posición inesperadamente activa frente a la adopción de esta tecnología.

América Latina frente al mundo: una adopción temprana con fuertes contrastes

Uno de los aportes más relevantes del estudio es que compara a América Latina con otros sistemas educativos del mundo, desmontando la idea de que la región siempre llega tarde a los procesos de innovación tecnológica. En Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica, los niveles de adopción de IA docente se sitúan entre el 52 y el 56 por ciento, frente a un promedio de 41 por ciento en TALIS y 36 por ciento en la OCDE.

Este dato adquiere mayor fuerza cuando se observa el contexto internacional completo. Países como Singapur y Emiratos Árabes Unidos superan el 75 por ciento de uso de IA entre docentes, reflejando estrategias nacionales claras de formación y acompañamiento. En contraste, sistemas educativos como Francia o Japón presentan niveles de adopción inferiores al 20 por ciento.

El mensaje es contundente: la incorporación de la inteligencia artificial en la educación depende menos del nivel de desarrollo económico y más de decisiones políticas, marcos normativos, incentivos institucionales y condiciones reales dentro de las escuelas.

Formación docente: una necesidad reconocida, pero aún insuficiente

El estudio confirma algo que los propios docentes ya expresan con claridad: la formación en inteligencia artificial es una de sus principales necesidades profesionales. Entre quince áreas de desarrollo profesional evaluadas por TALIS 2024, la formación en IA ocupa el primer lugar en Chile y Costa Rica, y el segundo en Brasil y Colombia. Incluso en el promedio OCDE, la IA encabeza la lista de necesidades de capacitación.

En términos concretos, entre 38 por ciento y 55 por ciento de los docentes de los países analizados declara haber recibido formación en IA durante el último año, cifras superiores al promedio OCDE. Sin embargo, el análisis revela una tensión importante: el uso de la IA avanza más rápido que la capacitación formal.

Muchos docentes están utilizando estas herramientas de manera autodidacta, aprendiendo por ensayo y error, sin marcos pedagógicos claros ni acompañamiento institucional. Esto genera una paradoja: hay entusiasmo y uso real, pero también riesgos de aplicación superficial o poco estratégica. La formación docente, aunque reconocida como prioritaria, todavía no logra ponerse al ritmo del cambio tecnológico.

Usar IA no es lo mismo que transformar la enseñanza

Quizá el hallazgo más relevante es que el uso de la inteligencia artificial en las aulas todavía se concentra en tareas de apoyo y eficiencia, más que en procesos de transformación pedagógica profunda.

Los docentes utilizan la IA, sobre todo, para preparar planes de clase, generar actividades, resumir contenidos o mejorar materiales didácticos. Estos usos tienen un valor indiscutible: ahorran tiempo, reducen carga administrativa y apoyan el trabajo cotidiano del docente. Sin embargo, no alteran de manera sustantiva la lógica tradicional de enseñanza.

En contraste, los usos con mayor potencial transformador, como la personalización del aprendizaje, la evaluación automatizada, la retroalimentación individualizada o el análisis de datos sobre el desempeño estudiantil, siguen siendo minoritarios. En promedio, menos del 35 por ciento de los docentes utiliza IA para tareas de evaluación o seguimiento, lo que limita su capacidad para mejorar la toma de decisiones pedagógicas.
Esto sugiere que los sistemas educativos se encuentran en una primera fase de adopción, donde la tecnología se usa para hacer más eficiente lo existente, pero todavía no para repensar cómo se enseña y cómo se aprende.

Conviene subrayar que la integración de la inteligencia artificial en los procesos educativos no es un ejercicio inmediato ni homogéneo. Incluso en instituciones con modalidades en línea o con experiencia en innovación educativa, la incorporación responsable de estas tecnologías requiere tiempo, ajustes pedagógicos y marcos éticos claros.

En este sentido, la transformación educativa asociada al uso de la inteligencia artificial no recae exclusivamente en las escuelas o en las instituciones formadoras de docentes. Depende también de políticas públicas, lineamientos normativos, infraestructura digital y condiciones laborales adecuadas.

Más que buscar soluciones inmediatas, el momento actual exige una reflexión gradual sobre cómo formar docentes capaces de utilizar la inteligencia artificial con criterio pedagógico, sentido ético y conciencia de sus límites.

Inclusión educativa: una promesa aún incompleta

La inteligencia artificial suele presentarse como una herramienta clave para atender la diversidad en el aula y apoyar a estudiantes con necesidades educativas especiales. El estudio muestra que esta promesa ya empieza a ser reconocida por los docentes, quienes perciben beneficios claros en la adaptación de materiales y el apoyo a distintos ritmos de aprendizaje.

No obstante, cuando se analizan las prácticas concretas, el uso de IA con fines inclusivos todavía no se consolida como un patrón generalizado. Aunque Colombia presenta niveles relativamente altos en este tipo de aplicaciones, en el resto de los países el uso sigue siendo limitado y desigual.Esto pone de relieve una brecha crítica: la IA tiene el potencial de reducir desigualdades educativas, pero sin formación específica, infraestructura adecuada y orientación pedagógica, ese potencial corre el riesgo de quedarse en el discurso.

Las verdaderas barreras: infraestructura, reglas y capacidades

Un aspecto particularmente relevante del estudio es que las principales barreras para el uso de la IA no están en la resistencia de los docentes, como a menudo se sugiere en el debate público.

Entre quienes no utilizan IA, los obstáculos más mencionados son la infraestructura insuficiente, especialmente en Colombia y Costa Rica, y la falta de conocimientos y habilidades para enseñar con estas herramientas. A ello se suman restricciones institucionales, ya que un mayor porcentaje de escuelas en América Latina prohíbe o limita el uso de IA en comparación con el promedio OCDE.

Paradójicamente, los docentes de la región reportan sentirse menos abrumados por la incorporación de nuevas tecnologías que sus pares de países OCDE. Esto sugiere que existe una actitud relativamente abierta al cambio, pero que esta disposición no siempre encuentra condiciones favorables para traducirse en prácticas educativas más innovadoras.

Beneficios claros, riesgos bien identificados

Los docentes latinoamericanos perciben beneficios pedagógicos altos del uso de la IA, superiores a los del promedio OCDE. Siete de cada diez consideran que estas herramientas ayudan a mejorar planes de clase, adaptar materiales y automatizar tareas administrativas. También se reconoce su potencial para apoyar a estudiantes con necesidades específicas.

Al mismo tiempo, el estudio muestra una conciencia clara de los riesgos. La preocupación por el plagio, la suplantación de trabajos y la generación de recomendaciones incorrectas es alta y consistente con el patrón internacional. En Costa Rica y Colombia, además, existe una mayor sensibilidad frente a los riesgos de sesgos y a la protección de los datos estudiantiles.

Este equilibrio entre entusiasmo y cautela es una señal de que el debate sobre la IA en educación es informado y crítico, no ingenuo.

Más allá de la adopción: el reto de transformar la educación

La principal enseñanza que deja este análisis es que la inteligencia artificial ya está instalada en las escuelas, pero su impacto educativo aún es limitado. El verdadero desafío para los sistemas educativos de América Latina está en decidir cómo integrar la IA de manera pedagógica, equitativa y segura. Bajo esta idea, transformar la educación con IA implicará ir más allá del uso instrumental y apostar por:

  • Formación docente continua y especializada.
  • Inversión sostenida en infraestructura.
  • Marcos normativos claros y flexibles.
  • Estrategias pedagógicas que pongan el aprendizaje, y no la tecnología, en el centro.

Desde la formación inicial y de posgrado en educación, estos desafíos ya están presentes. Los programas orientados a la formación docente, a la innovación y a la gestión educativa tienen la responsabilidad de preparar profesionales capaces de comprender el impacto de la inteligencia artificial en los procesos de enseñanza y aprendizaje, más allá de su uso instrumental. Formar para este contexto implica desarrollar criterio pedagógico, capacidad de análisis y toma de decisiones informadas, de modo que la incorporación de estas tecnologías contribuya efectivamente a mejorar las prácticas educativas y no sólo a reproducir dinámicas existentes.

Efectos en el trabajo docente

El uso de herramientas de inteligencia artificial en la práctica docente no sólo incide en el aula. Su aplicación en tareas como la planeación de clases, la elaboración de materiales o la organización administrativa puede reducir el tiempo que el profesorado destina a actividades fuera de la jornada escolar.
En sistemas educativos donde la carga laboral se extiende más allá del horario formal, esta reducción tiene efectos concretos. Menos tiempo dedicado a tareas repetitivas permite redistribuir el esfuerzo hacia actividades de mayor valor pedagógico, así como hacia espacios personales y familiares que suelen verse limitados durante el ciclo escolar.

Desde esta perspectiva, la integración de la IA no se limita a mejorar procesos educativos. También introduce cambios en las condiciones de trabajo del personal docente, al ofrecer herramientas que contribuyen a una gestión más eficiente del tiempo y a una menor presión operativa.

El impacto de estas tecnologías dependerá, en última instancia, de cómo se incorporen en las escuelas. Sin formación adecuada, infraestructura suficiente y reglas claras, los beneficios pueden diluirse. Con estos elementos, la IA puede convertirse en un apoyo que incide tanto en la organización del trabajo docente como en la experiencia educativa de estudiantes y profesores.

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